14 VI PRUEBA TESTIMONIAL 43. La Corte recibió, en audiencia pública celebrada el 20 de septiembre de 1999, la declaración de la testigo ofrecida por la Comisión Interamericana, que se resume a continuación: Testimonio de Virginia Ugarte Rivera, madre y hermana de Nolberto Durand Ugarte y Gabriel Pablo Ugarte Rivera, respectivamente. Su hermano Gabriel Pablo fue detenido en su departamento, el 14 de febrero de 1986, a las dos de la mañana. No supo quién lo detuvo. Se enteró de la captura cuando, luego de encontrar la casa donde habitaba desordenada y revuelta, un vecino le dijo que policías vestidos de civil se lo habían llevado en un carro. Los vecinos tenían temor de avisarle, porque habían sido amenazados por los captores. Fue a buscarlo a la Comisaría de Tahuantisuyu, pero allí le dijeron que no estaba, por lo cual continuó buscando sin éxito en las comisarías de Independencia, Cachitá, Rimac, la Comisaría Sexta y de Breña. Ese mismo día, cuando regresó a su casa, su sobrina le dijo que los policías -algunos vestidos de civil y otros con traje de miliciase habían llevado a su hijo Nolberto en una camioneta blanca, junto con otras personas, a las 11 de la mañana, mientras laboraba como vendedor. No supo donde se encontraba su hijo sino hasta ocho días después de la detención, cuando se entrevistó con la alcaldesa de Independencia, Esther Moreno, quién la envió donde su alcalde, el que a su vez la remitió al senador Genaro Ledezma. El senador la envió con una carta a la DINCOTE para buscarlos, y posteriormente la acompañó a ese lugar. En ese momento se enteró de su paradero, y hasta 15 días después los vio, en la DINCOTE, maltratados, con los rostros hinchados y desfigurados, como producto de los golpes que ahí recibieron, según le dijeron su hijo y su hermano. Estos permanecieron en la DINCOTE entre 15 y 18 días. De ahí pasaron a la Sexta Comisaría, luego al Palacio de Justicia de Lima, y por último fueron trasladados a El Frontón, a finales del mes de febrero. Los iba a visitar los sábados y domingos, en la sección de presos políticos de la prisión El Frontón. Los guardias amenazaban a los familiares que visitaban a los presos. Gracias a la recomendación del párroco de su comunidad, consiguió que el doctor Miguel Talavera fuese abogado de sus familiares. Interpuso dos acciones de hábeas corpus para lograr la libertad de éstos. Se enteró por la radio del motín que se produjo en El Frontón el 18 de junio de 1986. Cuando llegó al Callao, muchos familiares de presos gritaban para que no los mataran. Desde allí se veía que salía mucho humo de la isla. Alrededor de las diez de la mañana, la policía y el ejército sacaron en camionetas, encapuchados, a los familiares de los presos que estaban en el Callao. Ella estuvo así todo el día hasta las 3:00 ó 4:00 de la tarde. No supo por ningún medio acerca de la suerte que corrieron sus familiares en el suceso. Su abogado le indicó que tal vez los habían trasladado a San Lorenzo o los habían liberado. Interpusieron un hábeas corpus ante la Corte del Callao. Buscó sus nombres en las listas de las personas muertas en el motín, que habían colocado en el Palacio de Justicia, pero no figuraban en ellas. Fue a la Morgue Central, donde se encontraban cadáveres de personas muertas en el motín, no así los de sus familiares. Aquéllos estaban “todos quemados, todos resecados las cabezas, todo rojo, este quemado los pelos todo, destrozados, algunos todos deshechos”. Tampoco los encontró en el cementerio de Huachipa, donde los buscó entre los cadáveres amontonados. Ninguna autoridad le dio explicación alguna sobre la suerte de sus familiares. Nunca le entregaron sus cuerpos. Supo por el periódico que después del motín su hijo y hermano fueron judicialmente declarados inocentes. Posteriormente sufrió de una parálisis parcial del cuerpo, y estuvo hospitalizada

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