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resultado de un ataque, habían muerto los detenidos en el lugar. El capitán
Santoyo Castro y el mayor Quirós Chávez dijeron al testigo que al dar esta
versión no le iba a pasar nada, puesto que había sido chofer del patrullero y
que después de 15 días todo iba a seguir igual que siempre, ya que el caso
sería conocido en el fuero militar.
El testigo actualmente es taxista y gana en promedio US$5 (cinco dólares de
los Estados Unidos de Am��rica) al día. De esta manera, le es difícil mantener
a su familia, y por ende, le resultaría imposible pagar la reparación civil
ordenada a favor de la familia Gómez Paquiyauri por los tribunales internos,
de la cual no ha pagado nada todavía.
El testigo agregó que fue intimidado y presionado para mantener la versión
falsa de los hechos por personas enviadas por el capitán Santoyo Castro. En
el establecimiento penal en el que estuvo detenido sufría constantes
amenazas contra su vida y su integridad física. En una ocasión, un sargento
le informó que estaba recolectado dinero para pagarle los gastos de los
abogados, como un acto voluntario. Después de haber contado la versión
correcta de los hechos, se le cerraron las puertas para seguir trabajando. En
su trabajo como taxista también ha sufrido diferentes incidentes relacionados
con su participación en los hechos, y por haber contado lo que pasó, lo
trataban de “soplón”.
El testigo señaló que, durante la época de los hechos, el Perú, y la provincia
de El Callao en particular, se encontraba en estado de emergencia.
b.
Testimonio de Lucy Rosa Gómez Paquiyauri, hermana de las
presuntas víctimas
La testigo es hermana de Rafael Samuel y Emilio Moisés Gómez Paquiyauri, y
tenía 15 años en la fecha en que ocurrieron los hechos. El 21 de junio de
1991 se disponía a desayunar con sus hermanos cuando escucharon balazos
en la calle.
Como acostumbraban hacerlo, Rafael y Emilio se dirigieron al comedor donde
trabajaba su madre para “recoger la comida del trabajo de [su] madre para
cubrir el almuerzo de los días que no ten[ían]”. Cuando apenas habían
transcurrido unos cinco minutos de haber salido Rafael y Emilio, una vecina
llegó corriendo a avisarle que “un patrullero ha[bía] agarrado a [sus]
hermanos, [que] el policía los ha[bía] tirado al piso y los ha[bía] metido en el
maletero y se los ha[bía] llevado”.
Otro de sus hermanos, Miguel Ángel, fue a buscar a su madre para ponerla al
tanto de lo sucedido, y ella intentó comunicarse con su padre; sin embargo
no le fue posible porque “como él trabajaba en barcos, cuando tenían que
probar las válvulas que reparaban se iban a la mar […] y ese día fue uno de
esos días”.
Cuando su madre llegó a la casa y se enteró de lo sucedido buscó los
documentos de sus hermanos, Rafael y Emilio, quienes tenían 17 y 14 años,
respectivamente. Asimismo, a su casa llegó un señor preguntando por
Emilio.