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una carrera universitaria, ya que él la apoyaba en sus estudios. La aspiración de la
presunta víctima era que sus hijos estudiaran, así como dejarles “una casa bien arreglada”.
La testigo pide a la Corte que se haga justicia, que se esclarezcan los hechos, que los
mismos no queden impunes y que se devuelvan los restos de la presunta víctima para darle
sepultura. La testigo cree que eso le daría tranquilidad a toda la familia.
La testigo tuvo miedo de declarar por temor de que surjan represalias contra ella o su
familia.
c)
Testimonio de la señora Luz Marina Pérez Quintero, compañera
permanente de la presunta víctima Antonio Flórez Contreras
La testigo vivió con el señor Antonio Flórez Contreras desde 1980 hasta su “desaparición”.
Tuvieron cuatro hijos: Alejandro, Angélica Librada, Nixon Andrés y Magreth Karina.
Además, al momento de comenzar su convivencia con el señor Antonio Flórez Contreras la
testigo tenía un hijo, Luis Antonio Villamizar Pérez, a quien la presunta víctima “adoptó
como su propio hijo”. Al momento de la desaparición del señor Flórez Contreras, la testigo
tenía ocho meses de embarazo.
Antonio Flórez Contreras tenía 35 años al momento de los hechos. Era conductor de una
camioneta azul, la cual tenía en sociedad con Álvaro Lobo Pacheco.
Transportaban
mercancías que compraban en Venezuela para vender en Medellín. Antonio era una
persona responsable, cariñosa, dedicada al hogar y tenía una relación muy buena con la
testigo. Todo lo que ganaba, que para entonces eran aproximadamente cuarenta mil pesos
mensuales, eran destinados al mantenimiento y gastos de la casa y a los estudios de sus
hijos.
Antes de iniciar su último viaje, Antonio manifestó a la testigo que llevaba
mercancías por la cantidad de setenta y dos millones de pesos. Asimismo, señaló a la
testigo que ese sería el último viaje que haría porque en el viaje anterior había tenido
inconvenientes con los carros, además de que una persona le había dicho que ese trayecto
era muy peligroso debido a la presencia de “actores armados”. Antonio le explicó a la
testigo que ese era un territorio controlado, por un lado, por las “autodefensas” o
“paramilitares” en unión con la Policía y el Ejército y, por otro lado, por la guerrilla.
Antes de la “desaparición” de la presunta víctima, la testigo trabajaba como profesora, pero
destinaba sus ingresos a hacerse cargo de las necesidades de sus padres y de tres
hermanas que eran epilépticas.
Cuando Antonio “desapareció” la testigo realizó varios viajes a Bogotá con el propósito de
averiguar en la Fiscalía sobre su paradero, en donde le dijeron que “estaban vivos”.
Después de la “desaparición” de Antonio, la testigo habló con el Juez 16 de Instrucción
Criminal de San Gil y él le mostró un documento emitido por la Policía de Puerto Araujo que
decía “Yo Antonio Flórez Contreras fui detenido en el puesto de policía manifiesto que recibí
buen trato”. Sin embargo, la testigo alegó que la firma que contenía el escrito no era la de
su esposo, sino que “estaba firmada por el Comandante del puesto de policía de Puerto
Araujo”. Anteriormente la presunta víctima le había contado que esa persona siempre les
“ponía problema”.
La testigo mantuvo contacto con el Juez de San Gil, quien le dijo que la investigación iba
por buen camino, que ya tenían indicios de los responsables y que “estaban involucrados
miembros de la Policía y el ejército de Puerto Boyacá o Puerto Araujo”. El Juez advirtió a la
testigo que “no le contara a nadie porque corría peligro la vida de [ambos]”.