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La testigo pide que se castigue a los responsables de los hechos y que le devuelvan los
restos de su hijo.
i)
Testimonio de la señora Marina Lobo Pacheco, hermana de la
presunta víctima Álvaro Lobo Pacheco
La testigo tenía 30 años al momento de la “desaparición” de su hermano Alvaro. Vivía en
Ocaña con su madre, María Cristina Pacheco de Lobo, su padre, Marco Aurelio Lobo, sus
hermanos, Aurelio, Lubin y Álvaro y tres sobrinos, Nini Johanna, Diana Cristina y Álvaro
Eliecer, hijos de su otro hermano, Eliecer, quien vivía en Aguachica.
Álvaro Lobo Pacheco tenía alrededor de 27 años al momento de su “desaparición”. Era una
persona muy trabajadora y responsable. Se desempeñaba como comerciante desde hacía
alrededor de seis años. Tenía su propia camioneta y un camión, éste último en sociedad con
Angel María Barrera.
Con esos vehículos ambos transportaban mercancías, electrodomésticos y víveres, entre otras cosas- de terceras personas, quienes pagaban por
su servicio de transporte de Cúcuta a Medellín.
Se mantenía solo y contribuía
aproximadamente con un 75% de los gastos del hogar, ya que tenía ingresos mucho más
altos que la testigo, y la testigo aportaba al resto de dichos gastos. Ambos pagaban los
estudios de sus hermanos Aurelio y Lubin y las necesidades de su madre.
Cuando su hermano “desapareció”, la testigo fue junto con algunos familiares de las otras
presuntas víctimas a poner las denuncias respectivas “a la Procuraduría, [a la] Personería,
[al] Batallón Santander Número 15, [a la] Policía Nacional”. También formuló una denuncia
ante la oficina de tránsito a nivel municipal por los vehículos de Alvaro.
Sus hermanos participaron en las diferentes búsquedas que hicieron los familiares de las
otras presuntas víctimas. En el primer viaje no obtuvieron ninguna información, tan sólo
tuvieron gastos por aproximadamente sesenta mil pesos. En el segundo viaje, una señora
manifestó “que los había visto pasar” y luego se encontraron con más de cien hombres
armados, quienes les dijeron “devuélvanse si no quieren que haya más desaparecidos en
sus familias”.
Posteriormente fue a través de ASFADDES que se impulsaron las
investigaciones.
La pérdida de su hermano tuvo efectos psicológicos, sociales y económicos en su familia,
así como daños irreparables, ya que la familia se fue deteriorando y las relaciones entre
cada miembro fueron cada vez más distantes porque la presunta víctima solía ser el “centro
de unión” de la familia. Álvaro ayudaba económicamente al resto de sus hermanos, incluso
a los que tenían su propio hogar.
Luego de los hechos su padre empezó a tomar licor y cinco años después abandonó el
hogar. Su madre se convirtió en otra persona, se volvió apática, descuidada de sí misma,
no le interesaba la vida, no cuidaba de su salud y se refugió en una religión. Su hermano
Lubin debió abandonar los estudios para colaborar con los gastos del hogar.
Posteriormente estudió otra carrera.
La testigo se vio muy afectada anímicamente por la “desaparición” de su hermano y se
volvió muy seria por la gran cantidad de obligaciones a las que tuvo que hacer frente. Tuvo
que pagar deudas correspondientes a pagos pendientes de los vehículos de su hermano y a
arreglos que se estaban haciendo en la casa donde vivían, ya que la testigo era la fiadora
de esas obligaciones. Se dedicó mucho a su madre y nunca tuvo una vida propia. Estuvo
al frente de la búsqueda de las personas desaparecidas. Ello afectó su rendimiento laboral,
lo que se sumaba a su pena.