12
7.
Xiomara Hernández, hermana de Mercedes Beatriz Hernández Daza.
Mercedes Beatriz Hernández Daza murió a los 34 años de edad al recibir una
bala cuando estaba en su domicilio en presencia de sus hermanas y de sus
padres, Oscar Hernández y Carmen Daza. Trabajaba como analista de
personal en el Instituto Nacional de Nutrición. Ayudaba económicamente a
sus padres con aportes quincenales desde que había comenzado a trabajar a
los diecinueve años, era casada y tenía un hijo de dos años, Guirvin Efraín
González, a quien mantenía. Al momento del evento ganaba el salario
mínimo.
Los gastos relacionados con el velorio fueron cubiertos entre los padres de la
víctima y su esposo. Los gastos de la búsqueda de justicia han sido asumidos
por COFAVIC.
Al momento de los hechos, el padre de la víctima estaba sin empleo y la
familia dependía de los aportes de Mercedes Beatriz. La víctima vivía en casa
de sus padres con su hijo. La declarante también fue herida en una pierna,
en consecuencia tuvo que interrumpir los estudios universitarios y dejar de
trabajar por un tiempo. El impacto de haber presenciado la muerte de su
hermana sigue siendo fuerte.
Al momento del evento, la declarante estaba en su primer semestre
universitario, quedó sin ganas de estudiar, ya que estaba emocionalmente
bloqueada. Actualmente la familia se ha resignado y ha aceptado la pérdida
de su hermana. Sin embargo, siguen sufriendo trastornos nocturnos. La
madre falleció hace unos años. Ningún miembro de la familia ha recibido
tratamiento psicológico debido a la difícil situación económica. La declarante
espera que se sancione a los culpables.
8.
Rosa Margarita Mederos, madre de Crisanto Mederos.
Crisanto Mederos murió a los 37 años de edad. Era maestro constructor de
obras y, como pasatiempo, pintor y poeta. Mantenía a la declarante y a sus
hijos en forma permanente. Era divorciado y tenía tres hijos menores de
edad, Crisanto Bael, Leonor Pilar y Sara Abigail. Al momento del evento
ganaba el salario mínimo. La víctima tenía muchos proyectos y siempre era
muy activa por lo que la situación familiar habría mejorado si no hubiera
muerto. Su deceso fue un “descalabro total” para la familia.
Para la declarante, Crisanto era su sustento, por lo que al morir éste tuvo que
alquilar su casa con el fin de cubrir sus gastos de subsistencia y medicinas.
No puede precisar cuanto gastó en el entierro de la víctima pero quedó
debiendo dinero, y sus otros hijos le ayudaron a pagar. COFAVIC asumió
todos los gastos de traslados, abogados y trámites ante tribunales civiles y
militares.
La respuesta del Estado ante la Corte Interamericana la humilló tanto que
sufrió un infarto y está recibiendo tratamiento médico, que le ha costado
desde entonces alrededor de seis millones de bolívares. COFAVIC le ayudó a