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palmada de pobrecita, yo necesitaba que buscaran a mi hija, que me entregaran a mi hija,
que me entregaran el reconocimiento de que era mi hija o no. Ahora les exijo […]
retribúyanme toda mi vida, porque mi vida ya no es la misma, eso es lo que yo les pido a
estas personas que yo sé que tienen el poder para poder hacer que ellos paguen todo el
daño, todo lo que nos han hecho424.
417. En el caso de la madre de la joven Herrera, en su declaración ante la Corte
relató:
La actitud de las autoridades ha sido muy mala […] nunca se han dignado ni siquiera [en]
llamarnos, en […] ocho años, [para] decirme [cómo] van las investigaciones […] de todo me
tengo que enterar por los medios de comunicación.
[…]
El proceso de identificación de mi hija se hace hasta los cuatro años que yo pido una
exhumación y un ADN […]. Ese proceso fue muy difícil para mí y para mi familia, porque
volvimos a vivir un funeral, una exhumación, yo en varias ocasiones [intenté] quitarme la
vida porque para mí la vida no tenía sentido, porque yo no veía justicia […]. Mis hijos más
pequeños intentaron quitarse la vida, estuvieron internados. Mi hija que era una niña de once
años en ese entonces, […] dibujaba pesquisas y las pegaba por toda la casa […] porque las
autoridades nunca me elaboraron una pesquisa.
[…]
Yo me pasaba las noches imaginándome lo que a mi hija le hicieron, cómo me la violaban,
cómo me la torturaban. Era una cosa horrible, que yo no podía dormir, por estar imaginando.
De igual manera, por estar esperándola, yo tenía la esperanza y la ilusión de que mi hija iba
a aparecer, que algún día que yo llegara de mi trabajo me iban a decir, así como me decían
Esmeralda no aparece, […] Esmeralda aquí está. Esmeralda ya apareció.
418.
La madre de la joven González declaró ante la Corte que:
[Y]o me afecté mucho, yo me enfermé, mi hermana se puso mala también, y también tuve
un hijo malo de cáncer, a él le afectó cuando encontramos el cadáver, a los dos meses […]
falleció […] en nada me ha[n] ayudado [las autoridades] ni siquiera tienen avances […]. No
[…] nos han respetado […] porque no han hallado a los culpables, y sigue habiendo muchas
muchachitas desaparecidas […]. No confío ya en ellos […]. Tengo hijas y tengo miedo que
me vuelva a pasar porque la autoridad no hace nada […].
[para] que nos dieran información […] íbamos a diario y […] a veces […] tenían la puerta
cerrada y no nos atendían, [nada más que nuestra fuerza eran los periodistas. […] Nos
hicieron a mi hija y a mí la primera vez prueba de ADN y pasaron como tres meses y
vinieron a hacer otra prueba de ADN. La mandaron otra vez de México y yo les dije: “pues
si ya habían hecho una ¿dónde está?”. [Respondieron] “No señora pues que se perdió, que
se echó a perder” […].
Lo más difícil es la impotencia, [el] coraje por mis hijas que me quedan, eso es lo que ya no
quiero que me pase425.
419. Del acervo probatorio se desprende que tras la desaparición de las tres
víctimas, los familiares tuvieron que emprender diferentes actuaciones para buscar a
las desaparecidas ante la inactividad de las autoridades, las cuales al mismo tiempo
emitían juicios reprochables en contra de las jóvenes, causando con ello sufrimiento a
los familiares. Así, los informes periciales indicaron que los juicios emitidos por las
autoridades, en el sentido de que la culpabilidad de las desapariciones radicaba en la
conducta de las jóvenes, “producen confusión y angustia en los familiares,
especialmente en aquellos en [los] que les consta que la vida de sus hijas no
concuerda con estas versiones”426. Asimismo, “[l]as madres insisten en el agravio
experimentado por la negligencia de las autoridades y la inhumanidad con que han
424
Cfr. declaración de la señora Monárrez, supra nota 183.
425
Cfr. declaración de la señora González, supra nota 183.
426
Cfr. declaración rendida mediante fedatario público por la perito Lira Kornfeld el 21 de abril de 2009
(expediente de fondo, tomo XI, folio 3340).
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