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uno de sus pacientes, cuando llegaron aproximadamente cincuenta policías que les hicieron
pegarse a la pared, les indicaron que pusieran las manos en la nuca y los golpearon hasta tirarlos
al piso, los siguieron golpeando y pateando, luego la jalaron y la subieron a una camioneta pick
up. Añadió que mientras la golpeaban le proferían insultos como “pinche vieja, puta, hija de la
chingada”. Por su parte, Georgina Edith Rosales Gutiérrez estaba participando en una brigada
de salud en San Salvador Atenco y, mientras prestaba atención médica a un hombre afectado
por gases lacrimógenos, un policía la tomó del cabello y la golpeó repetidamente con el tolete
mientras la amenazaba con matarla si levantaba la cara. Señaló que la insultaron indicándole
“puta, perra, ahorita van a ver cómo les va a ir”. Asimismo, refirió que alcanzó a ver “el pantalón
de los policías que era un azul-gris, […] no era del [e]stado de México, sino que eran granaderos
federales, y calzaban botas, esos eran los policías que [la] estaban pateando”.
85. Por su parte, Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo había acudido al lugar de los hechos junto
con su pareja para tomar fotos y realizar entrevistas para la revista en la que laboraban. Bárbara
Italia Méndez Moreno se encontraba tomando fotografías para su tesis. Ambas fueron detenidas
dentro de inmuebles particulares a los cuales habían ingresado para protegerse de los gases
lacrimógenos arrojados por la policía. En particular, Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo indicó
que los policías que ingresaron al domicilio la “golpearon y la manosearon abusando de su
cuerpo”, le preguntaron por qué no estaba estudiando, le dijeron que “era una puta” y cada vez
que le preguntaban el nombre le golpeaban las costillas. Recordó que los pusieron “en algún
momento también frente a un muro en donde con las armas que traían se escucha como no sé
y nos golpean con las armas en la cabeza”, mientras los amenazaban de muerte. Describió que
la sacaron a la calle “a golpes y a macanazos”, y que ya sentada en la calle “le alzan la blusa y
le desabrochan el brasier, tratan de meterle la mano, le tocan los glúteos y le aprietan los senos,
pellizcándoselos”. Relató que traía la playera encima de la cabeza para no ver, que le “iban
jalando los pantalones”, y le dijeron algo como “abre las patas puta […] y [l]e empieza[n] a
tratar de meter[l]e las manos […] [entonces ella] cerr[ó] las piernas y agarra[n] y [s]e las
abre[n] con las botas y [l]e patea[n] la vagina”. Agregó que le halaron el cabello y le dijeron
“hija de tu madre ya valiste verga te vas a morir como perra que eres”, la continuaron golpeando
y la subieron a un camión con la cara tapada. Bárbara Italia Méndez Moreno recordó que la
Policía Federal Preventiva allanó el inmueble donde se encontraba, le quitaron todas sus
pertenencias, la presentaron frente a cámaras mientras la interrogaron, la tiraron al piso y la
sacaron a la calle en donde la golpearon brutalmente con tolete en todo el cuerpo, hiriéndole la
cabeza que comenzó a sangrar. Asimismo, relató que al descubrirle la cabeza uno de ellos dijo
“¿Ya viste quien es esta perra?”, a lo que el otro contestó “Sí, es ella, esta es la puta que
estamos buscando, ella es la que mató al policía”. Luego le cubrieron la cara nuevamente,
escuchó gritar “¡Es ella, esta es la perra, mánchenla”, a lo que la golpearon en la espalda,
costillas y glúteos a patadas, mientras le gritaban “¡Perra! ¿Qué se siente?, te voy a matar, te
voy a coger y luego te voy a matar!”.
B.2 Los traslados
86. Sobre lo sucedido en los trayectos al centro de detención el 3 de mayo, Yolanda Muñoz
Diosdada indicó que el viaje duró aproximadamente cinco horas y que “les ordenaron colocarse
en los asientos con la cabeza agachada para que no pudieran levantarse ni ver a su alrededor,
les quitaron los objetos de valor […] le pidieron sus datos”. Declaró que, pese a que le ordenaron
mantener los ojos cerrados, “pudo ver a una persona vestida con pantalón y botas negras, quien
le levantó la blusa y le meditó (sic) una mano en los senos y la otra en la espalda, después le
jaló la pantaleta, le tocó y rasguñó la vagina, con la otra mano le apretó y pellizcó los pezones”.
Asimismo, narró que durante el trayecto fue víctima de “juegos perversos, burlas, groserías.
Incluso nos ponían algo que era como una granada, diciendo que se iba a explotar”.
87. Ana María Velasco Rodríguez describió que la subieron a un camión “a puras patadas”, la
sentaron al lado de la ventana y empezaron a tocarle los pechos, la vagina y los glúteos,
refiriéndole que “era una perra, una puta y que se la iba a cargar la chingada”. Relató que “la
pasaron a otro lugar y la rodearon aproximadamente cinco elementos de la policía para tocarle