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91. Agregó que durante mucho tiempo no pudo hablar de lo que le había sucedido “por la
vergüenza que sentía y por sentir[se] sucia”. Relató que una hora después los sacaron
nuevamente y los siguieron golpeando a la salida y a la llegada al CEPRESO.
92. Sobre los trayectos al centro de detención el 4 de mayo, Norma Aidé Jiménez Osorio
describió que la “aventaron fuertemente al suelo” y escuchó la voz de policías mujeres que
decían “ya ves, ahorita te van a violar, vas a valer madre”, amenaza que fue reiterada varias
veces. Mencionó que al subir la obligaron a acostarse en el pasillo boca abajo, y que pasaron
caminándole y brincándole por encima de su espalda y cabeza, diciéndoles que “debería[n] estar
en la casa cocinando en lugar de andar ahí, que no pensa[ban] en [sus] familias o en [sus]
hijos”. Señaló que sintió temor de que en cualquier momento la violarían o la matarían. Narró
que luego la obligaron a bajar y caminar hasta una camioneta que tenía “un dibujo y era blanco
con azul marino, de las que no tienen techo atrás”, dentro de la cual le golpearon los glúteos
con algo grande y duro, que “el golpe cubrió toda la región de las nalgas”, mientras le decían
“¡quéjate, pinche perra, quéjate!”. Señaló que “la persona que la golpeó metió la mano en su
ropa interior le apretó los glúteos y le tocó su ano” y que se cubrió con las manos pero el policía
se las quitó y metió sus dedos en la vagina, amenazándola con matarla y desaparecerla. Indicó
que cuando se detuvo la camioneta le pusieron la sudadera en la cabeza, le ordenaron quedarse
agachada, la empujaron y jalaron hacia un autobús “con otros policías que [vestían] totalmente
distinto, esta vez de negro completamente”, quienes la obligaron a subir. Al respecto, narró que
en ese bus:
93. Señaló que “tomaban turnos para hacerlo y después de que terminaron invitaron a otros
más que est[aban] debajo y volvieron a hacerlo todos”. Manifestó que la llevaron al último
asiento del bus, ordenándole que no se levantara, que mantuviera la cabeza sobre las rodillas y
que por cualquier cosa la golpeaban en la cabeza y la espalda. Recuerda que las personas a
bordo del vehículo se encontraban apiladas unas encima de otras, y que durante todo el trayecto
eran golpeados aproximadamente cada veinte minutos, “así como por gusto”. Indicó que allí
escuchó quejidos de hombres y de mujeres pidiendo que no las violaran. Refirió que el recorrido
duró alrededor de tres o cuatro horas.
94. Claudia Hernández Martínez relató que, al subir al camión, la arrojaron sobre una pila de
gente. Le preguntaron de dónde era, y al decir que era de Tepito uno de los policías le gritó a
los demás “miren a esta perra es de Tepito, hay que darle una calentadita”, ante lo cual le
propinaron un puñetazo en la nariz, que la hizo sangrar. Recordó que uno de los policías dijo:
“a esta perra hay que hacerle calzón chino”, que le “empezó a jalar [su] pantaleta” y al darse
cuenta de que estaba menstruando le gritó a los demás “miren, esta perra está sangrando,
vamos a ensuciarla un poquito más”. Refirió que a continuación le introdujo los dedos “violenta
y repetidamente en la vagina”, lo cual fue repetido por cinco policías, mientras otros la
sometieron y le quitaron el brasier, lamieron sus senos y jalaron sus pezones. Relató que otro
policía intentó nuevamente meterle la mano en el pantalón, pero no pudo ya que ella se “ator[ó]
entre [su] asiento y el asiento del conductor”, ante lo cual la golpeó. Indicó que el trayecto duró
aproximadamente 4 horas, durante las cuales fue golpeada y amenazada de muerte y de ser
desaparecida, así como que les dijeron que si “hubiéramos estado en nuestras casas haciendo