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Cuando se enteró que su hijo había sido secuestrado estuvieron aproximadamente
16 días buscándolo sin ningún éxito y sin que las autoridades judiciales dieran
respuestas; al día siguiente de suspender la busqueda, supo por medio de la radio
que su hijo estaba muerto y que había sido enterrado en un cementerio. Lograron
exhumarlo para luego darle sepultura en Samayach. Pudieron llevar a cabo el funeral
gracias a la ayuda de un vecino, quien les prestó Q7.000,00 (siete mil quetzales),
debido a que los familiares no tenían los fondos suficientes.
La compañera de la víctima se puso a trabajar para mantenerse a ella y a su hijo,
para que éste pudiera estudiar. Esta se fue con su hijo a vivir con la testigo para no
tener que pagar alquiler y la testigo le ayudaba económicamente. El hijo de la
víctima tenía tres años cuando ésta murió y siempre pregunta cómo era su padre y
por qué fue asesinado. Su vida hubiera sido distinta si su padre hubiera vivido a su
lado.
El aspecto más difícil es “la tristeza [porque] los demás hijos no llenan ese vacío”. Su
esposo ha estado enfermo desde la muerte de su hijo porque no ha tenido
tranquilidad y porque la víctima era el hijo mayor; actualmente recibe tratamiento
médico. Además él no ha aceptado plenamente que su hijo murió. Cuando hablan del
hijo él se pone triste y llora.
No ha sido citada a dar declaración ante un tribunal guatemalteco y no ha recibido
ayuda económica del Estado. Tenía temor por su seguridad producto de estos
sucesos, pero ahora se siente tranquila de estar ante la Corte y quiere “que se
cumpla algo para que las personas ya no vuelvan a hacer lo mismo con otras, pues
si no siguen haciendo cosas injustas”.
c)
Testimonio de Ingrid Elizabeth Gómez Ayala, hermana de Julián
Salomón Gómez Ayala
Reside en Samayach, Guatemala.
Su hermano era una persona muy buena, amigable y honesta y ella necesitaba de
sus consejos, porque estaba estudiando y él la ayudaba mucho. Le veía
aproximadamente una vez al mes.
Cuando sus hermanos y ella se enteraron de que su hermano había sido asesinado
fue “algo horrible [y] doloroso”. Ni ella ni sus hermanos acompañaron a sus padres a
las diligencias que tuvieron que realizar en la capital. Es algo “que [les] quedó [...]
para siempre”. Antes de la muerte de su hermano la familia era muy unida pero
después no fue lo mismo “por el recuerdo de él, que nos hacía falta” y porque sus
padres se enfermaron, situación que se mantiene hasta la fecha.
Sus hermanos y ella tratan de consolar a su madre en cierta medida, pero no pueden
ocupar el lugar de la víctima en la familia. Cuando su padre lo recuerda se siente
“oprimido, triste”. La familia visita el cementerio, salvo la madre porque es muy
difícil para ella y “porque le hace mucho daño”. Tiene dos hermanos mudos, desde
nacimiento, que expresan sus sentimientos, su dolor, en relación con lo sucedido a
su hermano por medio de señas. Ella y sus hermanos tienen una relación estrecha y
en la familia se apoyan el uno al otro económicamente. Al hijo de la víctima “le hace
falta [su padre] en todo sentido”.