3
9.
Del mismo modo, en el párrafo 86 de la misma sentencia, la CorteIDH reproduce lo que
había manifestado en otras ocasiones 17, en cuanto a que entre los indígenas
“existe una tradición comunitaria sobre una forma comunal de la propiedad colectiva de la
tierra, en el sentido de que la pertenencia de ésta no se centra en un individuo sino en el
grupo y su comunidad. Los indígenas por el hecho de su propia existencia tienen derecho a
vivir libremente en sus propios territorios; la estrecha relación que los indígenas mantienen
con la tierra debe de ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus
culturas, su vida espiritual, su integridad y su supervivencia económica. Para las
comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión
y producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente,
inclusive para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras.”
10.
Y en el párrafo 87 de esa resolución, la CorteIDH añade que
“[a]simismo, la Corte ha señalado que los conceptos de propiedad y posesión en las
comunidades indígenas pueden tener una significación colectiva, en el sentido de que la
pertenencia de ésta “no se centra en un individuo sino en el grupo y su comunidad”. Esta
noción del dominio y de la posesión sobre las tierras no necesariamente corresponde a la
concepción clásica de propiedad, pero merece igual protección del artículo 21 de la
Convención. Desconocer las versiones específicas del derecho al uso y goce de los bienes,
dadas por la cultura, usos, costumbres y creencias de cada pueblo, equivaldría a sostener
que sólo existe una forma de usar y disponer de los bienes, lo que a su vez significaría
hacer ilusoria la protección del artículo 21 de la Convención para millones de personas.”
B.- Caso de Paraguay.
11.
A los efectos de comprender el alcance de los párrafos recién transcritos y en abono a la
tesis de que la CorteIDH parecería vislumbrar una orientación más alejada de la postura clásica
en este ámbito, hay que tener presente que en el caso de autos tanto la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos como los representantes de las víctimas reiteradamente
señalaron que los derechos que consideran vulnerados por el Paraguay eran los derechos tanto
de la Comunidad Xákmok Kásek, como de sus miembros, sin que el Estado demandado en autos,
Paraguay, - en adelante el Estado - controvirtiera la calidad de la Comunidad como sujeto
colectivo de derechos. 18
12.
Igualmente y en el mismo orden de ideas, es procedente añadir, siempre en lo que
respecta al caso en cuestión, que el Estado ratificó y, mediante la Ley No. 234/93 19, incorporó a
su derecho interno el Convenio No. 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre
Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de 1989, el que, en su artículo 3.1
dispone que:
“Los pueblos indígenas y tribales deberán gozar plenamente de los derechos humanos y
libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación. Las disposiciones de este
Convenio se aplicarán sin discriminación a los hombres y mujeres de esos pueblos.”
2. Ninguna persona puede ser privada de sus bienes, excepto mediante el pago de indemnización justa,
por razones de utilidad pública o de interés social y en los casos y según las formas establecidas por la
ley.
3. Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre, deben ser
prohibidas por la ley”.
17
Cfr. Caso Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua, citada en nota 2, párr. 149; Caso Comunidad
Indígena Sawhoyamaxa Vs. Paraguay, citada en nota 2, párr. 118, y Caso del Pueblo Saramaka. Vs. Surinam, citada en
nota 2, párr. 90.
18
Ej.: Párrafo 2.
19
Ley No. 234/93 que ratifica el Convenio No. 169 de la OIT.