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b) Propuesto por la interviniente común
2.
José Quiroga, especialista en atención a víctimas de tortura
Realizó una evaluación física a 13 presuntas víctimas. Se refirió a “tres momentos críticos”: la
tortura previa al ataque al penal, la tortura durante el ataque y la tortura posterior a este.
Durante los cuatro días del ataque al Penal Castro Castro se utilizaron armas de guerra, tanques,
helicópteros artillados, cohetes y explosivos. Los internos examinados fueron privados de sueño,
agua y alimentos. Algunos tomaban sus propios orines debido a la sed que experimentaban. Todo
esto bajo constante balacera, bombardeo, cañonazos y uso de armas incendiarias. Las víctimas
experimentaron sufrimiento al pasar por encima de los cuerpos humanos todavía calientes. Las
presuntas víctimas que examinó describieron la sensación de asfixia, de quemazón en todo el
cuerpo y sistema respiratorio. Asimismo, hubo heridos a causa de las esquirlas de granadas y
balas. También tuvieron el efecto traumático de ver morir y caer heridos a otros internos,
algunos de los cuales fueron abandonados y otros torturados a pesar de su gravedad. Algunos de
los entrevistados describieron actos de gran crueldad contra personas heridas, quienes fueron
forzadas a arrastrarse, tales como culatazos, puntapiés y fueron cargados como si fueran bultos
cuando fueron trasladados al hospital.
La composición de los gases usados en Castro Castro es desconocida, pero se sabe que los dos
componentes más usados son el O-chlorobenzylidene malonitrile, conocido como CS, y el 1chloroaceptopheonnone, conocido como CN, y necesitan un solvente que usualmente es el
methylene chloride. Estos componentes juntos causan las reacciones descritas por los
testimonios, como son: ardor; irritación en los ojos, en la nariz, en los pulmones y en la piel; y
asfixia que puede ocasionar la muerte. El solvente es conocido como cancerígeno y además
puede producir cambios en los cromosomas somáticos.
Los testigos que sobrevivieron fueron llevados a la zona llamada “tierra de nadie”. Fueron
puestos boca abajo durante horas y resguardados con perros sin bozal. Muchos de ellos fueron
golpeados, no se les dio agua ni alimentos, y no se les permitió usar el baño ni cambiarse de
ropa. No hubo consideración con las mujeres embarazadas ni con los ancianos.
Después de los hechos del Penal Castro Castro, los internos fueron sometidos a un régimen
disciplinario muy estricto. El traslado de la zona “tierra de nadie” a los pabellones 1A y 4B ya
reconstruidos se hizo a través del “callejón oscuro”, método de castigo que consiste en obligar al
detenido a caminar en una doble fila de gendarmes armados de elementos contundentes como
palos, y bastones metálicos o de goma. El prisionero al avanzar recibe múltiples golpes, cae al
suelo y se vuelve a parar y recibe más golpes hasta que llega al otro extremo del callejón. Los
prisioneros eran obligados a cantar el himno nacional, que inicia con el verso “somos libres”. Esa
era la razón por la cual se resistían a cantar, en consecuencia, recibían innumerables golpes con
bastones rígidos y duros en todo el cuerpo y en la planta de los pies. Esta práctica es conocida
como “falanga" y produce hematomas locales, intenso dolor y dificultad para caminar. Algunas
víctimas pueden sufrir de dolor crónico por engrosamiento de la aponeurosis plantar e incluso
fractura de los huesos del metatarso. También eran castigados con corriente eléctrica aplicada
con un bastón eléctrico que generalmente no deja marcas, solo intenso dolor agudo. Todos estos
métodos de castigo eran colectivos, y por su severidad y consecuencias físicas y psicológicas son
consistentes con tortura. Fueron obligados a permanecer en cuartos de castigo sin que pudieran
sentarse ni acostarse.