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Estuvo preso en el Retén de Catia desde el mes de abril de 1988 hasta noviembre
1992. Esa prisión era una estructura fría, ningún ser humano debía pagar allí su
condena. Contaba con cinco pabellones en un ala y cinco en otra ala, norte y sur, en el
medio, los comedores, y un internado pequeño donde metían a mayores y menores de
edad. En cada piso había diez celdas, en las cuales había catorce literas, por lo que
cada celda tenía capacidad para 28 internos, pero en realidad hospedaba por lo menos
de 60 a 70 presos. Los internos estaban en el piso y hasta en el baño dormían. En el
patio había una cancha de deportes que no servía porque se usaba como basurero; los
internos echaban sus desperdicios en el patio. Los que hacían deporte se enfermaban.
El pabellón donde estaba el testigo tenía como mínimo cuatrocientos presos. Las
celdas de aislamiento y castigo estaban en esa sección. Esas celdas eran pequeñas y
se mantenían en un horroroso estado de suciedad. Había muchas aguas negras
filtradas. El comedor era grande, tenía sus banquitos y estaba bien. La cocina era lo
más malo que había en ese lugar, todos los alimentos que traían eran horribles. En la
mañana les daban “un bollo con mortadela y fororo sin leche”, nadie se lo comía. Los
familiares vieron como se hacia la comida y empezaron a traerla.
En el pabellón 2 había una sala para abogados. Lo único que se veía bien era eso.
Había visita conyugal los días miércoles. La visita conyugal era en la celda. Era una
celda de catorce literas, catorce mujeres y catorce hombres. Sus familiares le contaron
que las requisas eran malas, que se sobrepasaban con las mujeres y les hacían cosas
inmorales.
El personal encargado de la vigilancia estaba conformado por internos del Ministerio de
Justicia. Había alrededor de doce vigilantes para todo el penal y dos para cada
pabellón. El régimen disciplinario era malo. Cada vez que había lesionados pagaba todo
el mundo. Ellos mismos agarraban y maltrataban a los internos, los llevaban al castigo,
les daban golpes y después que les pegaban les echaban agua con sal. Los vigilantes
usaban vigas, palos, cabillas, los parales de las camas, y con eso golpeaban a los
internos. Cuando la visita se retiraba, los funcionarios trancaban todas las puertas y
pasaban número a los internos, después se metían a las celdas y rompían todo lo que
los familiares habían traído: las sabanas, las cortinas y la comida. Durante el tiempo
que el testigo estuvo detenido nunca le hicieron un examen médico.
Alrededor de las 5:00 de la mañana del día 27 de noviembre de 1992, los internos
estaban viendo por televisión al Presidente Carlos Andrés Pérez hablando del
alzamiento militar y ahí fue cuando los del pabellón empezaron a decir que cayó el
gobierno. Los policías de la garita abrieron las celdas y pedían dinero para dejar salir a
los presos. Si los internos pagaban, los dejaban salir y a los que no pagaron, los
mataron. Ellos cobraban la fuga. Allí hubo una masacre, a los que asomaban la cabeza
les daban un tiro en la frente. Había francotiradores.
Como a las 10 u 11 de la mañana los policías vieron los huecos que se habían cavado y
para justificar que la gente se fugó mataron a muchos presos. Todo esto duró casi dos
días. Disparaban hacía dentro desde la zona 2 para matar a los internos. Todos
estaban aterrados, por lo que pusieron candado a la puerta. Los policías de la zona 2,
los vigilantes y el director del retén estaban matando a los presos con ametralladoras.
Los internos le gritaban a los familiares “llamen a los derechos humanos que nos están
matando”. La Guardia Nacional tomó el penal cuando se había acabado todo. Ellos no
dispararon, ellos fueron los que trasladaron a los internos. A los heridos los mataban
en la escalera, les decían que salieran para llevarlos al hospital, pero los llevaban y los
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