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Su familia sufrió amenazas. Lo llamaron a su casa y le decían que se “callara la boca,
porque también iba a correr la misma suerte” y también le decían “terruco”. Dejaban
amenazas anónimas en su casa, que le decían “que era mejor que [s]e callara porque [l]e
iba a costar caro”.
La pérdida de su hija les “deshizo todo proyecto futuro de trabajo, de vida familiar. […] Era
la única niña”. Además, tenían la “esperanza de tener otras fuentes de ingreso”.
“[La desaparición de su hija causó] un entristecimiento colectivo, de toda la familia, de[l]
hogar, de [los] tíos, hasta de[l] pueblo, porque no la veían llegar”.
Se ha obtenido justicia “en parte” porque los autores intelectuales están libres. Sin
embargo, sí se sabe la “verdad macabra que ha sucedido”.
“Lo único que puede aliviar [su dolor] es que los autores materiales y los autores
intelectuales cumplan con una sanción ejemplar”. Solicitó a la Corte que se haga un estudio
científico de los huesos encontrados para que le den algunos de los restos de su hija.
Finalmente, solicitó que la Corte ordene al Estado que “cumpla con las debidas
satisfacciones morales y materiales [y] que se haga justicia”.
f)
Rosario Carpio Cardoso Figueroa, hermano de Juan José Mariños Figueroa
Cuando se enteró de la detención de su hermano se “asesor[ó] por un amigo de la policía
quien [l]o acompaño a distintos lugares[ pero] los resultados fueron infructuosos”. Su
amigo les dijo que “ese modo […] de sacar a los alumnos era el estilo del Ejército y que
ellos no acostumbraban a secuestrar y retenerlos. Su estilo era matarlos[. E]l tiempo le dio
la razón.” Sus padres, en la sierra, nada sabían de la desaparición de su hermano hasta
cerca de tres meses después. Para ellos y para todos los hermanos “fue la noticia más triste
de su vida y la más dramática.”
Luego de la desaparición de su hermano estuvo casi dos años fuera del país, en Argentina.
Se fue “porque sentía el ambiente raro, que en cualquier tiempo [lo] iban a llevar[; tenía]
miedo, porque [él también estudiaba en] La Cantuta, [su] hermano [estaba] desaparecido y
[de su] hermana [decían] que tenía bombas[.] Luego escuch[ó que su hermano] estaba[…]
muerto[…]. En ese momento [sintió] un dolor terrible. En esos años no había llorado como
llor[ó] ese día.”. La desaparición de su hermano le “cambió la vida [a su familia; sus]
hermanos y [él] deja[ron] de estudiar, [se] desintegra[ron] como familia.”
Solicitó a la Corte justicia y que otorgue una indemnización a su madre y al padre de su
hermano y que a todos los miembros de la familia se le proporcione atención gratuita en
salud.
Testimonios propuestos por la Comisión Interamericana y las representantes
g)
Fedor Muñoz Sánchez, hermano de Hugo Muñoz Sánchez
Su hermano trabajaba en la Universidad de La Cantuta como docente y vivía en la
residencia de profesores con su esposa Antonia Pérez y sus hijos Liliana de 4 años y Hugo
de 2 años. Dos días antes de que fuera secuestrado su hermano éste le comentó que había
fuertes rumores de que se iba a llevar a cabo una intervención en La Cantuta. Se enteró de
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