20 Con posterioridad a los hechos la testigo se fue de ahí porque “era muy difícil vivir con los recuerdos”. Tuvieron que vender a los paramilitares la finca que tenían en la vereda Isaías porque “[le] mandaron a decir que no volviera por allá porque si la guerrilla no [la] había matado, ellos [la] matarían, porque tenía un hijo que trabajaba averiguando lo del caso de la desaparición”. El dolor por la desaparición de su esposo fue muy grande para sus hijos, quienes “se desordenaron, hacían lo que querían, tomaban, hacían cosas diferentes a la formación que [ella y su esposo] les hab[ían] dado[. E]sto afectó mucho; la familia se dispersó”. La testigo pensó que se iba a morir, ya que “el mundo se [le] vino encima”. Además, sus hijos Daniel, Emilse y Richard no pudieron estudiar porque no tenían la capacidad económica para hacerlo. La testigo desea que “se haga justicia, que se encuentren los culpables, que el culpable tenga su sentencia, […] que se encuentren los restos tanto de [su esposo] como de su hermano Cristóbal. [Además, solicitó] que [les] ayuden económicamente porque no tie[nen] ni para la salud”. e) Pedro Luis Escobar Duarte, hermano de José Leonel y Juan Luis Escobar Duarte El señor Pedro Luis Escobar Duarte manifestó que para el momento de los hechos, su hermano José Leonel Escobar Duarte tenía 16 años y Juan Luis Escobar Duarte, 24 años, y ambos trabajaban en la agricultura. El testigo se enteró de los hechos por el noticiero de televisión, en donde escuchó que en Pueblo Bello se habían llevado a una gente el sábado por la noche, entre los cuales nombraron a sus hermanos. El señor Pedro Luis Escobar Duarte expresó que después de los hechos el ejército hizo una reunión y “les dijeron a la gente que ya lo pasado había pasado y que había que cambiar de pensamiento[. S]up[o] que [su] papá les dijo a los militares que un ser querido nunca se olvida y que se habían llevado los hijos como unos maleantes […]”. Con posterioridad a los hechos, el padre del testigo “escasamente saludaba a la gente, no volvió a hablar con las personas ni con [él]”. Luego le avisaron que su papá se “acabó de cortar con un machete la vena arteria en el cuello”. La madre del testigo se fue hacia Apartadó y nunca más volvió a la finca. Después de lo ocurrido, su familia se desintegró: su hermana “enloqueci��[. L]loraba y decía que veía a los hermanos y corría porque le tenía miedo a la gente; decía que la iban a matar”. Antes de los hechos, el testigo era una persona que se “sentía contento con todos sus hermanos, su familia y sus amigos, pero ahora “no […] olvida […] ese vacío”. El señor Escobar Duarte considera que el Estado debería auxiliar a los damnificados y mejorar la vida de su madre. Piensa que el Estado tiene responsabilidad porque no es posible que los camiones pudieran pasar “habiendo ley[, es decir,] la base militar”. Por ello, solicitó que la Corte reconozca que “por ahí pasaron los paramilitares con los campesinos y que no se siga tapando la falta del [Estado]”. Además, el testigo manifestó que desea saber “por qué pasó y por qué se los

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