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Estados Unidos de América y con el Ministro de Defensa de Guatemala, pero no
obtuvo resultados sobre el paradero de su esposo.
Ante la respuesta negativa de las autoridades guatemaltecas, decidió iniciar una
huelga de hambre frente a un establecimiento militar, la cual se extendió durante
siete días.
Al regresar a Washington D.C., se había despertado un gran interés por su caso en
las altas esferas políticas, e inclusive se trasladó a Ginebra en 1994 para reunirse con
Mónica Pinto, Relatora Especial de Derechos Humanos de Naciones Unidas para
Guatemala, todo lo cual generó “mucha presión internacional”.
En enero de 1994 reinició las conversaciones por seis meses con el Ministro de
Defensa de Guatemala, General Mario Enríquez, quien le dijo que ellos nunca habían
tenido a su esposo, pero que iban a iniciar un rastreo en la zona. Asimismo sostuvo
reuniones con varios militares, quienes establecieron que era “un mal entendimiento
(sic) muy trágico, pero nunca lo tuvi[eron]”. Además, se reunió con el Jefe de la
Policía Nacional, señor Cifuentes, quien mostró gran interés en investigar el caso,
pero temía la acción de los militares, a tal punto que llegó a renunciar a su cargo. En
junio de ese año se le empezaron a cerrar las puertas.
Temía por la vida de su esposo debido a la firma de los Acuerdos de Paz, pues
consideraba que los militares ya no iban a requerir más información de éste. Acudió
a las oficinas de la OEA, y después de las Naciones Unidas, pero el Ejército mantenía
“una posición de desafío internacional”. En estas circunstancias, la primera semana
de octubre de 1994 inició otra huelga de hambre que se extendió por 32 días, frente
al Palacio Nacional, en la cual estaba dispuesta a llegar hasta la muerte, y que como
consecuencia le produjo daños en el corazón, en los riñones y problemas a la vista.
El Ejército ejerció amenazas contra su persona y acompañantes. Después,
conjuntamente con Richard Nuccio, funcionario del Departamento de Estado de los
Estados Unidos de América en Guatemala, iniciaron investigaciones del caso, pero
con poco éxito. A la altura del día 30 de la huelga, funcionarios del Ejército la
llamaron para asistir a una exhumación en la localidad de Coatepeque al día
siguiente; aunque sabía que sería inconducente, acudió. El objetivo de los militares
era debilitar aún más su salud para poder llevarla al hospital y terminar con esa
huelga de hambre. En determinado momento, el programa 60 minutos de la CBS
anunció que la Embajada de los Estados Unidos de América en Guatemala no había
dado a Jennifer Harbury información de la captura de Bámaca Velásquez a pesar de
la existencia de un reporte de la CIA. Dos días después dicha Embajada emitió una
declaración señalando que, de acuerdo con la información de inteligencia de su
gobierno, Bámaca Velásquez había sido capturado por el Ejército y mantenido como
prisionero en secreto por un tiempo indefinido. La divulgación de esta información
motivó que levantara la huelga de hambre.
Abrieron un proceso penal por iniciativa del Procurador General de la Nación, un
procedimiento especial de averiguación por parte del Procurador de los Derechos
Humanos y se designó una Comisión de Investigación por iniciativa del Presidente de
la República. Esta última fue inefectiva y como consecuencia de los dos primeros
procesos tuvo que responder a algunos interrogatorios durante su huelga de hambre
de 32 días.