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Conoció a Otoniel de la Roca, de quien tuvo conocimiento que era ex miembro de la
insurgencia, y no trabajaba en el Ejército. Tuvo la oportunidad de hablar con él y con
Luis Boitsiu, en 1991, con respecto a la existencia de “divisionismos” en la
insurgencia. No supo que Otoniel de la Roca hubiera sido capturado por el Ejército,
torturado y utilizado para “obtener inteligencia” sobre la guerrilla.
Luego supo que Otoniel de la Roca Mendoza había sido detenido por la Policía
Nacional por portar un arma de fuego y por proferir amenazas. Supo que de la Roca
había prestado declaraciones ante la prensa, pero no que hubiera dicho que si no
rendía tales declaraciones, “a él le pasaría algo o a su familia”.
No conoció a Santiago Cabrera López o a Anastacia López Calvo, ni a un militar de
nombre José Víctor Cordero Cardona.
En junio de 1992 abandonó el país para seguir un curso militar. En 1992 era
miembro del Estado Mayor de la Defensa Nacional, específicamente designado como
oficial miembro de la Comisión de Apoyo a la Comisión Gubernamental de la Paz
desde enero de 1991, la cual se reunía en el Palacio Nacional. Su función era recabar
información en las instancias de carácter político, “para ver cuál era el sentir en
relación al proceso de paz”.
Esta Comisión de Paz era “una instancia gubernamental instituida específicamente
para el logro del proceso de paz”. Desde enero hasta junio de 1992, esta Comisión
se declaró en sesión permanente en razón de los problemas internos que se estaban
presentando en la insurgencia y que podían afectar el proceso de paz.
No participó, del 6 de enero al 15 de junio de 1992, en la operación militar
denominada Fuerza Tarea Quetzal, pues “[su] competencia era de carácter política,
no operativa militar”, ni estuvo en el destacamento militar de Santa Ana Berlín en
marzo de 1992, ni en la Zona Militar No. 18 de San Marcos en julio de 1992. Tuvo
conocimiento de la captura y tortura de Bámaca Velásquez a través de los medios de
comunicación.
m.
Testimonio de Jesús Efraín Aguirre Loarca, Coronel del Ejército
de Guatemala.
El Ejército de Guatemala no capturaba ni mantenía detenidos a combatientes de la
guerrilla, sino que, por el contrario, en los casos en que éstos desertaban, la política
general era, en primer término, intentar establecer su verdadera identidad; luego se
presentaban ante los tribunales de justicia para que se acogiesen a “alguna amnistía”
y, posteriormente, “ellos se quedaban incorporados en los trabajos [...d]el comando
militar donde se entregaban”, pues temían “ser ajusticiados por los grupos
guerrilleros”.
Los guerrilleros que se entregaban eran usados por la “inteligencia del Ejército” como
fuente de información de la estructura militar en la cual participaban y,
principalmente, “para poder determinar las áreas donde [... habían] campos
minados” y así orientar a las patrullas por donde trasladarse. No se utilizaban
medios de presión para asegurar que los ex guerrilleros dijeran la verdad. A los
heridos en combate, según conoció en un caso de la década de 1980, se les
proporcionaba todo el apoyo médico necesario.
Conoció, durante sus años de servicios, a algunas personas que se habían entregado,
específicamente a Santiago Cabrera López y otras personas con seudónimos
“Karina”, “Augusto” y “Pepe”.
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