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que se dedicó a conspirar contra el régimen constitucional para que prevalecieran
los intereses militaristas. Estableció una guardia presidencial que sería el foco de
resistencia de cualquier movimiento golpista para lo cual tuvo el cuidado de que sus
integrantes no fueran de la Policía como tradicionalmente había sucedido. Con
anterioridad a los acontecimientos del 4 y 5 de diciembre de 1990 tuvo intervención
en el proceso negociador con los sindicatos. En contra de la mejor opinión de casi
todos los Ministros, quiso participar directamente en las mismas. Se dio cuenta de
que el pliego de peticiones de los trabajadores había sido hecho para no llegar a
acuerdo alguno, dado que sólo una o dos peticiones podían ser negociadas y
accederse a ellas.
Logró que funcionarios de inteligencia de su Gobierno se
infiltraran entre los trabajadores, quienes los invitaron a participar en la conspiración
del Coronel Herrera Hassán. Los dirigentes sindicales llevaron a uno de los agentes
infiltrados con dicho Coronel, quien le dio detalles sobre el movimiento que planeaba
contra el régimen constitucional, la democracia y las libertades. Optó por pedir la
intervención norteamericana para salvar la democracia.
El Gobierno tuvo
conocimiento de la convocatoria realizada por la Coordinadora de Sindicatos de
Empresas Estatales a los trabajadores estatales en los medios de comunicación para
que participaran en una marcha programada para el 4 de diciembre de 1990 y en el
paro de labores a realizarse el día siguiente. Hubo una coincidencia extremadamente
obvia entre el movimiento subversivo del Coronel Herrera Hassán y las acciones
sindicales. El Vicepresidente Ford, que era el Ministro de Planificación y Presidente
de alguna de las instituciones que estaban declarándose en huelga, dijo en unas
declaraciones públicas bien conocidas y criticadas por los sectores laborales, que
despedirían al que participara en la huelga. No había en Panamá procedimiento
alguno para pedir la declaratoria de ilegalidad de una huelga, pero definitivamente la
huelga programada para el día 5 de diciembre de 1990 era una huelga ilegal que fue
declarada así varias veces por su Gobierno y especialmente por el Vicepresidente
Ford. La actuación de su Gobierno, esto es, la adopción de la Ley 25, no violó ningún
derecho de los panameños. Se dio a los afectados el debido proceso ante las
autoridades competentes que estaban preestablecidas, y el único cambio que se hizo
fue eliminarles a él y al Ministro de Trabajo la tentación de intervenir en las Juntas
de Conciliación, porque él tenía el poder para hacerlo. Se otorgó competencia a la
Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, que en lo laboral es la más alta
autoridad preestablecida. En cuanto al primer anteproyecto de ley autorizando la
destitución de aquellos servidores públicos que hubiesen tomado parte en el
movimiento conspirativo mediante el paro laboral, su mayor preocupación fueron las
garantías que se les iba a dar para la revisión de sus casos. En esos momentos se
encontraba vigente la Ley 8, que le daba a los empleados públicos del INTEL y del
IRHE el derecho de ir a las Juntas de Conciliación y Decisión. El resto de los
empleados públicos no tenía ese derecho. Considera que ello no era ninguna
garantía, porque la Junta de Conciliación y Decisión es un organismo no autónomo,
sino parte del Ministerio de Trabajo, y el Ministerio de Trabajo influye mucho o podría
influir mucho sobre sus decisiones y el Presidente de la República, a su vez, a través
del Ministro de Trabajo, podría tener la tentación de manejar esos juicios en contra
de los trabajadores. Era fundamental que los trabajadores llegaran al más alto
tribunal de justicia en lo laboral de Panamá, que era la Sala Tercera de la Corte
Suprema de Justicia. También era fundamental que, además de los recursos
administrativos propios que son los de reconsideración y apelación, se les diera el
recurso de casación laboral o contencioso-administrativo como en efecto lo hizo la
Ley 25. Se reconsideraron numerosos casos. Personalmente le interesaron algunos
casos en que logró que se restituyeran funcionarios; en otros casos confirmó que
efectivamente hubo culpa de los despedidos, ya que promovieron el paro general que
buscaba dar un golpe de Estado. En su Gobierno nunca se despidió a nadie por
asistir a una manifestación pública, sino que los casos que se estudiaron a efectos de