17 la caza”, argumentando que reproducir ese sistema de vida en la actualidad demandaría una enorme cantidad de tierras por un lado, y privaría a los miembros de comunidades indígenas de “evolucionar” y acceder a “los beneficios de la civilización”. El otro argumento tiene una supuesta visión económica, pues sostiene que las reivindicaciones territoriales indígenas significan un perjuicio grande al sector pecuario como al proceso de inversiones y reinversiones. El Paraguay se diferencia de los demás países de la región por la alta proporción de la población que sigue habitando en zonas rurales, zonas que, a su vez, se caracterizan por concentrar a la mayor población pobre del país. Así, datos recientes sugieren que el Paraguay se sitúa en la actualidad como la primera sociedad más desigual de la región. La desigualdad se evidencia en la estructura agraria nacional, reflejada por la distribución de tierras. Varios estudios han encontrado resultados dramáticos en cuanto a la tenencia de tierras en el Paraguay. La ganadería utiliza alrededor de veintidós millones de hectáreas, mientras que la agricultura utiliza cerca de siete millones de hectáreas. El sistema de producción extensiva que predomina en los establecimientos ganaderos del Paraguay es la principal causa de la mala distribución de tierras en el país. Como claro ejemplo se puede mencionar que las explotaciones ganaderas constituían en 1991 tan sólo el 1,5% del total de las explotaciones y, sin embargo, detentaban casi el 80% de las tierras productivas. La alta proporción de tierras con pasturas y montes naturales sugiere que la ganadería es por mucho la actividad económica de mayor importancia en cuanto al uso de recursos productivos en el Chaco. En el contexto de desigualdad, es difícil encontrar una razón lógica que justifique esta estructura de propiedad de la tierra. En primer lugar, un indicador inicial de cuan ineficientes son los establecimientos ganaderos puede surgir de la simple comparación de la cantidad de recursos utilizados por este sector y su contribución a la economía nacional. A pesar de que la producción agrícola utiliza tan sólo un tercio de la superficie detentada por los ganaderos, esta actividad triplica a la producción pecuaria en su participación al Producto Interno Bruto (PIB) y tiene una participación mucho mayor en las exportaciones. Un estudio realizado en el país encontró una clara relación inversa entre la productividad de la tierra y el tamaño de las fincas. Reformas institucionales que faciliten la reasignación de tierras contribuirían a un aumento de la producción agropecuaria, así como a la disminución de los niveles de pobreza. Basándose en el tamaño de las explotaciones ganaderas del Chaco, se puede aducir que la ganadería en esta región es predominantemente extensiva, caracterizada por los pocos esfuerzos para maximizar ganancias y garantizar el rápido retorno financiero de las inversiones. Por otro lado, la importancia de la ganadería para la generación de empleos es insignificante en lo que se refiere a la “calidad”. Si analizamos las condiciones de empleo que frecuentemente ofrecen los establecimientos ganaderos del Chaco a los trabajadores indígenas, el trato es absolutamente condenable. A pesar del marco jurídico que reconoce y exige el respeto de los derechos de los pueblos indígenas, el Estado es responsable de la situación de marginalidad, miseria y denigración en el que se encuentran estas comunidades. Esta situación se sustenta, en gran parte, en la denegación del derecho constitucional al territorio. Así, siguiendo el Informe de Derechos Humanos del Paraguay de 2002 se observa que las tierras aseguradas para indígenas en la región Oriental alcanzan unas 66.356 hectáreas y en la región Occidental unas 972.256 hectáreas, y no llegan a cubrir el mínimo establecido por la ley. De acuerdo con el Censo Nacional Indígena del año

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