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suicidio con prolongados internamientos en centros neuropsiquiátricos. En las
entrevistas que hizo a Lorena Beatriz, ésta manifestó que lo que la hacía vivir era
que su “madre no podía perder otro hijo”, y a la vez temía que alguien muriera, y
por eso prefería morir ella. Además, sus padres estaban tan deprimidos que cuando
regresaban del trabajo debía cuidarlos hasta el otro día, en que volvían a salir a
trabajar, y así cada día. En cuanto al padre, Lorena Beatriz señaló que éste no podía
tomar ninguna decisión en su vida, y menos aún con respecto a sus dos hermanitos,
por lo cual también tuvo que hacerse cargo de ellos. Para Lorena Beatriz, Walter
David fue siempre una especie de modelo o referente. La vida de Lorena Beatriz es
uno de los puntos más preocupantes en este momento, ya que es una mujer que a
“los 27 años” no ha podido volver salir de su casa, establecer una relación afectiva,
estudiar o trabajar, y se ha convertido “en una especie de ama de llaves […] de su
propia familia. Ella es la que custodia la vida familiar, de manera tal de asegurar que
nadie más se muera ni se deprima” .
Con respecto al señor Víctor David Bulacio, indicó que su fallecimiento coincidió,
nueve años después, con el mes de la muerte de Walter David. Durante ese período,
pasó por distintos facetas “como entrando y saliendo […] de cuadros depresivos de
los que hacía intentos por salir, para seguir adelante con el pedido de justicia por la
muerte de su hijo”. Dejó de trabajar. A partir de 1996, comenzó a tener períodos de
depresión más prolongados, perdió el trabajo, descuidó su aseo personal, y se
desinteresó por la vida. Tuvo tres intentos de suicidio, uno de ellos ingiriendo vidrio
molido. Finalmente, Víctor David Bulacio padeció un cuadro cardíaco que le ocasionó
la muerte.
Con respecto a la señora María Ramona Armas de Bulacio, abuela de Walter
David, indicó que fue una participante muy activa en la demanda de justicia y verdad
por la muerte de su nieto. Durante muchos períodos “fue la cara pública de esta
lucha”, lo cual no fue suficiente para impedir ciertos efectos sobre su cuerpo: a partir
de 1996 padeció siete operaciones y sufrió hernia de hiato, cáncer de duodeno y
metástasis en estómago. Cualquier familia tiene expectativas sobre el futuro de sus
miembros; en el caso de la abuela, ésta tiene una extrema idealización de la figura
de Walter David.
Con respecto a Walter David, manifestó que está “demostrado por sus informes
escolares y por sus amigos, compañeros y grupos de pertenencia, [que era] un
excelente alumno”. Este joven tenía proyectos, como cualquier adolescendente.
Pensaba seguir estudiando la carrera de abogacía en la universidad; trabajaba y
aportaba económicamente a su familia. Ocupaba el lugar de hijo primogénito, y por
ello había muchas expectativas depositadas en él; simbolizaba la “continuidad [de los
padres] en la vida”.
Los familiares entrevistados insistieron en la imperiosa necesidad que tienen de
“cerrar un proceso que excedió los límites de un duelo, incluso patológico”.
c) Dictamen de la señora Sofía Tiscornia, antropóloga, Directora del
Programa de Antropología Política y Violencia Institucional de la
Sección de Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Buenos Aires y Directora del Instituto de Estudios e
Investigaciones de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos
Aires