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La tragedia, - se ha dicho hace muchos siglos, - es imitación de la acción y de la vida8.
En realidad, para tantos seres humanos, que han experimentado la más completa
adversidad (la desgracia), la vida comporta la tragedia, y la tragedia es imitación de la
vida (la mímesis de los antiguos griegos). La dura realidad es recreada e incorporada al
interior de cada uno.
10.
No siempre comprendemos la realidad, y sólo conocemos aspectos de la misma,
captados por el espíritu, con la ayuda de lo imaginario. Cada uno tiene, así, su propia
lectura de lo real, siendo muy poco lo que podemos conocer. El propio Derecho, al
contrario de lo que presuponen los positivistas, tiene mucho que aprender de otras
ramas del conocimiento humano, - sobre todo, en mi entender, con la literatura y las
artes, que nos preparan para enfrentar los enigmas y misterios de la vida, como la
muerte violenta de los seres queridos.
11.
El Derecho comporta, en mi entender, un sistema no sólo de reglamentación de
las relaciones humanas, sino también, a partir de los valores que encierra, de
emancipación9. En la medida en que se abre a las enseñanzas perennes de la literatura,
se libera de la pretensión de "cientificismo" legal, que le aleja de la realidad del
cotidiano. Se abre a los valores humanistas, presentes en la literatura, y se erige contra
la fría "racionalidad" del positivismo jurídico y del análisis supuestamente "científicolegal". El Derecho pasa, así, a dar expresión, él propio, con la ayuda de las
humanidades, a los principios y valores que deben guiar la existencia y las relaciones
humanas. El Derecho pasa, así, enriquecido, a vincularse estrechamente con la realidad
de la vida de cada uno.
12.
La tragedia ha acompañado al ser humano a través de los siglos. Ha retratado
trazos fundamentales de la frágil condición y la experiencia humanas. Con ella se han
identificado los seres humanos a lo largo de los siglos. Al evocar consistentemente pena
y compasión, la tragedia revela mucho sobre el ser humano, y sobre los hondos
recónditos de la vida. La condición humana, - como se desprende claramente, v.g., del
bello poema épico (y trágico) de Homero, la Ilíada10, - es marcada sobre todo por la
privación, y la visión de que la felicidad difícilmente es total y duradera, debiendo el ser
humano convivir con sus propias finitudes11, sin saber qué le reserva el día de mañana.
8
. Aristóteles, Poética (circa 335-322 a.C.), I-2; VI-27, 30, 32; VII-41; IX-56. El célebre análisis aristotélico
de la tragedia griega (como imitación de la acción y de la vida) fue retomada siglos después, sobre todo por
los pensadores de los siglos XVII y XVIII.
9
. A.A. Cançado Trindade, "A Emancipação do Ser Humano como Sujeito do Direito Internacional e os Limites
da Razão de Estado", in: Quem Está Escrevendo o Futuro? 25 Textos para o Século XXI, Brasília, Ed.
Letraviva, 2000, pp. 99-112.
10
. De fines del siglo VIII o inicio del siglo VII a.C..
11
. J.M. Redfield, Nature and Culture in the Iliad - The Tragedy of Hector, rev. ed., Durham/London, Duke
Univ. Press, 1994, pp. 87-88 y 216-217. - Los guerreros de Homero sabían que jamás tendrían control total
de su propio destino, y se transformaban en medios, en cosas, en la insensata lucha por el poder, incapaces
siquiera de "someter sus acciones a sus pensamientos". Como observó Simone Weil con tanta perspicacia,
casi pierden significación los términos "opresores y oprimidos", frente a la impotencia de todos ante la
máquina de guerra, convertida en máquina de destrucción de los espíritus y de fabricación de la inconsciencia;
S. Weil, Reflexiones sobre las Causas de la Libertad y de la Opresión Social, Barcelona, Ed. Paidós/Universidad
Autónoma de Barcelona, 1995,pp. 81-82, 84 y 130-131. Como en la Ilíada de Homero, no hay vencedores y
vencidos, todos son tomados por la fuerza, posuídos por la guerra, degradados por brutalidades y masacres;
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