se reunió una vez más con los sobrevivientes y familiares de Moiwana en la
Guyana Francesa y en Suriname.
El testigo y la Asociación Moiwana hicieron todo lo que pudieron para
cooperar con el gobierno surinamés, a pesar de que durante la investigación
del inspector Gooding el conflicto interno impidió al testigo y a otras personas
viajar a Paramaribo para hablar con el señor Gooding. De hecho, la policía
nunca ha tomado declaración al testigo en relación con el caso Moiwana.
Después de la muerte del señor Gooding, muchas personas pensaron que no
sería posible continuar del todo la investigación.
Con respecto al descubrimiento de los cuerpos cerca de Moiwana en 1993, el
gobierno nunca informó a los sobrevivientes sobre los resultados finales de la
exhumación. Asimismo, los sobrevivientes específicamente escribieron al
Estado para solicitar una investigación de la masacre, sin ningún resultado.
De esta manera, el Estado nunca ha investigado suficientemente lo ocurrido
en Moiwana y “no sabemos porque no lo hicieron”. El testigo manifestó que
“el gobierno en Suriname no valora nuestras vidas de la misma forma, dado
que no investigan los problemas que tenemos”.
Después del ataque el testigo regresó con otras personas a documentar y
tomar fotos del lugar. Una vez que hubieron terminado, muchos empezaron
a sentirse enfermos; se dieron cuenta de que “las cosas no estaban bien, no
eran adecuadas, porque de acuerdo con nuestra cultura uno no puede volver
al lugar sin haber hecho arreglos”. El regreso sólo es posible “mediante la
aplicación de las reglas religiosas [y] culturales”.
Por otro lado, los
sobrevivientes necesitan “muchísimo” vivir en Moiwana para “restaurar [sus]
vida[s]”. En este momento, aproximadamente 100 antiguos residentes de
Moiwana viven en la Guyana Francesa; otros viven en Suriname a lo largo del
Río Marowijne, o en ciudades como Moengo o Albina.
Una joven sobreviviente, que sólo tenía dos años de edad durante el ataque,
es capaz de contar lo que ocurrió ese día con gran detalle porque se
encuentra “poseída por lo que ocurrió”. Los hechos de ese día “son una carga
para la gente de Moiwana muy, muy, muy pesada”, ellos “perdieron todo”. El
testigo explica que necesita la ayuda y apoyo de sus familiares que murieron.
Y ahora, por la denegación de justicia que experimentan, “es como si nos
estuviéramos muriendo una segunda vez”.
Durante la difícil huída de Suriname después del ataque, algunos de los
sobrevivientes de Moiwana sufrieron lesiones y posteriormente fueron
admitidos en hospitales en la Guyana Francesa. Las autoridades de la
Guyana Francesa, en reconocimiento a su “grado de sufrimiento” han
permitido a los sobrevivientes de Moiwana quedarse, a la vez que se ha
repatriado a otros refugiados de Suriname.
Con la masacre, “el gobierno destruyó la tradición cultural […] de las
comunidades Maroon en Moiwana”. Como resultado, “se debe hacer justicia”
y el Estado debe reconocer su responsabilidad. Asimismo, dado que el Estado
no puede devolver las vidas de los que murieron, se debe acordar una
compensación.
Finalmente, para poder regresar a su tierra, que les
pertenece de conformidad con la tradición, se debe garantizar la seguridad de
los sobrevivientes.
26