27
parte, la supresión de las normas y prácticas de cualquier naturaleza que entrañen
violación a las garantías previstas en la Convención, y por la otra, la expedición de normas
y el desarrollo de prácticas conducentes a la efectiva observancia de dichas garantías24.
84.
Es ilícita toda forma de ejercicio del poder público que viole los derechos
reconocidos por la Convención. En tal sentido, en toda circunstancia en la que un órgano
o funcionario del Estado o de una institución de carácter público lesione indebidamente,
por acción u omisión25, uno de tales derechos, se está ante un supuesto de inobservancia
del deber de respeto consagrado en el artículo 1.1 de la Convención.
85.
La Corte, además, ha establecido que la responsabilidad estatal también puede
generarse por actos de particulares en principio no atribuibles al Estado. Las obligaciones
erga omnes que tienen los Estados de respetar y garantizar las normas de protección, y de
asegurar la efectividad de los derechos, proyectan sus efectos más allá de la relación entre
sus agentes y las personas sometidas a su jurisdicción, pues se manifiestan en la
obligación positiva del Estado de adoptar las medidas necesarias para asegurar la efectiva
protección de los derechos humanos en las relaciones inter-individuales26.
86.
Los supuestos de responsabilidad estatal por violación a los derechos consagrados
en la Convención, pueden ser tanto las acciones u omisiones atribuibles a órganos o
funcionarios del Estado, como la omisión del Estado en prevenir que terceros vulneren los
bienes jurídicos que protegen los derechos humanos. No obstante, entre esos dos
extremos de responsabilidad, se encuentra la conducta descrita en la Resolución de la
Comisión de Derecho Internacional27, de una persona o entidad, que si bien no es un
órgano estatal, está autorizada por la legislación del Estado para ejercer atribuciones de
autoridad gubernamental. Dicha conducta, ya sea de persona física o jurídica, debe ser
considerada un acto del Estado, siempre y cuando estuviere actuando en dicha capacidad.
87.
Es decir, la acción de toda entidad, pública o privada, que está autorizada a actuar
con capacidad estatal, se encuadra en el supuesto de responsabilidad por hechos
directamente imputables al Estado, tal como ocurre cuando se prestan servicios en
nombre del Estado.
88.
La Corte ha establecido, además, que de las obligaciones generales de respetar y
garantizar los derechos, derivan deberes especiales, determinables en función de las
particulares necesidades de protección del sujeto de derecho, ya sea por su condición
personal o por la situación específica en que se encuentre28.
Cfr. Caso Gómez Palomino, supra nota 21, párr. 91; Caso de la Masacre de Mapiripán, supra nota 21,
párr. 109; y Caso Lori Berenson Mejía. Sentencia 25 de noviembre de 2004. Serie C No. 119, párr. 219.
24
Cfr. Caso Baldeón García, supra nota 4, párr. 81; Caso de la Masacre de Pueblo Bello. Sentencia de 31
de enero de 2006. Serie C No. 140, párrs. 111 y 112; y Caso de la Masacre de Mapiripán, supra nota 21, párr.
110.
25
Cfr. Caso de la Masacre de Pueblo Bello, supra nota 25, párr. 113; Caso de la Masacre de Mapiripán,
supra nota 21, párr. 111; y Condición Jurídica y Derechos de los Migrantes Indocumentados. Opinión Consultiva
OC-18/03 de 17 de septiembre de 2003. Serie A No. 18, párr. 140.
26
Cfr. Responsabilidad del Estado por hechos internacionalmente ilícitos.
Comisión de Derecho
Internacional 53° sesión, 2001. Documento de la ONU A/56/10. Texto introducido en el anexo de la Resolución
56/83 de 28 de enero de 2002, de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
27
Cfr. Caso Baldeón García, supra nota 4, párr. 81; Caso Comunidad Indígena Sawhoyamaxa, supra nota
4, párr. 154; y Caso de la Masacre de Pueblo Bello, supra nota 25, párr. 111.
28