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La cultura de los indígenas de Guatemala era diferente en el momento del contacto
inicial y ha permanecido distinta de la cultura llegada de fuera, y que hoy predomina
en el Estado. Los portadores de esa cultura la han mantenido diferente haciendo
grandes esfuerzos, para así reproducirla y transmitirla a otros, particularmente a sus
descendientes. Los mayas han tenido que resistir varios siglos a presiones diversas
para que abandonen su cultura diferente y diferenciada y adopten la otra que se
ofrece como preferible.
En cuanto a las diferencias entre la cultura maya y la predominante en Guatemala,
se puede destacar la relación especial, profunda y espiritual con la tierra, las formas
de acceso, tenencia, gestión y manejo de los recursos, la inclinación hacia una
ecología y biodiversidad ricas, el profundo respeto a la naturaleza, las formas de
organización social comunitaria, la espiritualidad, los conocimientos desarrollados
localmente y la educación con formas propias, la pertenencia a otras familias
lingüísticas, el sistema jurídico que es actualizado generacionalmente sobre
principios y costumbres milenarias, y las formas especiales de ejercicio de la libre
determinación y la autonomía.
La impunidad de las graves violaciones a sus derechos humanos puede ser explicada
a partir del racismo y la discriminación, como fue señalado en los Acuerdos de Paz
que intentaron poner fin al conflicto. Estos acuerdos consagraron también los
derechos de la mujer indígena, entendiendo que por ser mujer, indígena y pobre
sufren triple discriminación. El acceso a la justicia que imparte el Estado es muy
difícil para los pueblos indígenas, dada la distancia geográfica y las particularidades
lingüísticas. Los tribunales en general los reciben en español y, aunque hay servicios
de interpretación, no se prevé con suficiente atención la intervención de los
traductores. Además, la diferencia entre cosmovisiones hace profundamente difícil
esa interpretación.
Entre los años 1979 y 1983 los mayas fueron sometidos a opresión, represión,
persecución, ataques y muerte violenta, lo que se manifestó en 200.000 muertos y
en 626 masacres atribuidas a fuerzas de seguridad del Estado. El pueblo indígena, la
conciencia colectiva y la identidad cultural de los sobrevivientes y familiares quedó
afectado traumáticamente, fueron obligados a huir de sus tierras, a abandonar la
estructura comunitaria tradicional de parentesco extenso y nuclear y a vivir en temor
bajo control militar.
Los ritos en caso de muerte son muy importantes para la cultura maya en general y
la maya achí, en particular. En caso de muerte, toda la comunidad acompaña a los
familiares con diversas manifestaciones de solidaridad. Los familiares, amigos,
vecinos y conocidos llegan a la casa del difunto con algo para ofrecer: azúcar, maíz,
leña, entre otros. Se coloca al difunto en lugar céntrico de la casa, generalmente
junto al altar familiar, con la cabeza orientada hacia el occidente. El muerto se
limpia y se le da el último baño. Asimismo, se vela por nueve días con candelas,
flores e incienso. Antes de la influencia española el velorio duraba siete días. Se
cree que los espíritus de los abuelos están presentes en la casa; por ello, se dan
ofrecimientos al cuerpo presente y a los espíritus de los ancestros se les ofrecen
flores, incienso, velas y coronas que se fabrican en el lugar. Se ponen en la caja
algunas de las pertenencias más apreciadas del difunto y se observa el novenario en
la casa del mismo. Al término de éste, en el noveno día, se prepara un desayuno y
se toca música todo día. Luego, llega el “tiniente”, que es el anciano de la
comunidad escogido como intermediario entre vivos y difuntos, y dirige los rezos al
difunto y llama a los espíritus de los muertos anteriormente. El “tiniente” cuenta con
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