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El principal ingreso familiar desde que se casaron provenía de la finca Monte
Rosa, la que fue propiedad de su esposo durante más de 30 años y la cual,
además de bienestar económico, tenía un gran valor sentimental para la
familia. Sus hijos estudiaron en los mejores colegios, fueron a estudiar al
extranjero y estudiaron en las mejores universidades de Guatemala.
Dentro de la UCN su esposo tenía a cargo la coordinación general otorgada
por el señor Carpio Nicolle para manejar el área de occidente del país. En la
misma región se encontraba ubicada la finca Monte Rosa, lo cual permitió al
señor Villacorta continuar al frente de la finca, con la colaboración de un
administrador, quien había trabajado con él aproximadamente 30 años.
Se enteró de la muerte de su esposo por una llamada del señor López
Arrivillaga. El primer impacto fue el shock de “verlo salir lleno de vida [y] de
ilusiones” y recibirlo muerto al día siguiente. La muerte del señor Villacorta
Fajardo dejó un vacío en la señora Arrivillaga de Villacorta. Además, vivió un
sentimiento de indefensión al darse cuenta que ella, la ama de casa, tenía
cinco hijos que sacar adelante. Al momento de la muerte de su esposo, sus
hijos tenían 17, 20, 24, 25 y 28 años de edad.
Al mes siguiente de la muerte de su esposo empezó la cosecha de café. En
medio del “caos” que generó su muerte, la cosecha se cayó completamente,
pues era él quien sabía cómo negociar con los bancos el financiamiento para
los trabajos de la finca y la posterior levantada de cosecha. Con el fruto de la
venta de esa cosecha se hubiera podido cancelar el financiamiento que se
debía, o se hubiera podido renegociar la deuda, pero “no hubo nada” para
amortizarla. Además, después de la muerte de su esposo la entidad que los
financió subió el interés del 16% a casi el doble. El producto de la venta de la
finca se empleó para cancelar la totalidad de las deudas, pues la señora
Arrivillaga de Villacorta quería “dejar limpio” el nombre de su esposo.
Después de la muerte del señor Villacorta Fajardo, su hijo menor se encerró
en su cuarto. Además, tuvo que dejar de estudiar en el colegio que estaba y
entró a estudiar a un “colegito humilde”. Sus dos hijos mayores, que estaban
en las mejores universidades del país, tuvieron que dejarlas. Una de sus
hijas quería estudiar medicina, pero tuvo que dejar de lado sus estudios.
Para la señora Arrivillaga de Villacorta fue algo “tremendo”, porque sin tener
experiencia para trabajar, sus hijos tuvieron que buscar trabajo, truncando
así los sus sueños de su esposo de verlos con un título profesional.
En 1996 la señora Arrivillaga de Villacorta empezó a trabajar, pero cuando
sus hijos encontraron trabajo ella dejó el suyo. En una época sus hijos
perdieron sus trabajos por lo que pasaron 8 meses sin luz eléctrica y les
cortaron el agua y el teléfono. Actualmente su ingreso económico depende de
uno de sus hijos que vive con ella.
A su esposo le gustaría ser recordado con el establecimiento de una escuela
en su memoria, que podría ser cerca de la finca Monte Rosa, en el municipio
La Reforma, Departamento de San Marcos. Adicionalmente, solicitó que la
calle donde está ubicada la casa donde el señor Villacorta Fajardo creció con
su madre llevara su nombre completo, incluido el apellido de su madre.