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Solicitó que se capture a los responsables, que el Estado asuma su
responsabilidad y que se indemnice a las familias afectadas por la pérdida de
sus seres queridos. Finalmente, solicitó que, con criterio de equidad, se fije
una indemnización justa por el daño sufrido a su proyecto de vida.
c) Testimonio de Sydney Shaw Díaz, estudiante
Actualmente trabaja y se encuentra haciendo su tesis para optar por el título
de Licenciado en Antropología.
Su relación con el señor Carpio Nicolle era como la de un nieto hacia su
abuelo. Comenzó dentro de la UCN repartiendo propaganda entre los jóvenes
del país.
Se encontraba presente en la caravana que acompañaba al señor Carpio
Nicolle el 3 de julio de 1993; estaba encargado de la organización de los
jóvenes en los distintos departamentos que visitaría dicha comitiva, y
también era el encargado del sonido, iluminación y distribución de distintos
materiales de propaganda partidista.
En el atentado hombres con pasamontañas sacaron al testigo y al señor Rivas
González de la camioneta y comenzaron a registrarlos. Escuchó a uno de los
hombres decir “están armados mucha” y vio cómo le dispararon a
quemarropa al señor Rivas González. Al mismo tiempo vio caer al señor Ávila
Guzmán, quien se encontraba a menos de dos pasos frente a él. En ese
momento él sintió un golpe caliente en la pierna derecha y suplicó llorando
que no le tiraran más piedras. Al reaccionar se tiró al suelo y sólo veía botas
y el otro carro. Luego escuchó una voz que claramente gritó “ese es, ese es
Jorge Carpio, mátenlo mucha”. Escuchó más disparos y gritos.
Varios hombres encapuchados se acercaron al señor Ávila Guzmán, lo
patearon y lo movieron. Luego patearon al testigo, quien estaba llorando
asustado. Los encapuchados le preguntaron por segunda vez si portaba
armas, a lo que contestó que no y pidió que los ayudaran. Los hombres no
contestaron y tiraron nuevamente al testigo al suelo. Logró ver al hombre
encapuchado de las rodillas para abajo y observó sus botas tipo militar. Hubo
una explosión frente a su cara que lo cegó por un momento. Sintió la cara
salpicada de algo caliente y no escuchó más que un zumbido fuerte.
Por un tiempo se quedó tendido bajo la lluvia y se dio cuenta que un vehículo
se vio obligado a parar. Los hombres encapuchados interrogaron a los
pasajeros de ese vehículo. Escuchó una discusión, más disparos y gente
gritando y llorando. Luego desaparecieron los hombres encapuchados y él
pidió ayuda a las personas de dicho vehículo. Un joven lo ayudó a levantarse
y lo subió de nuevo a la camioneta; le dijo que no podía llevar al testigo con
ellos porque tenían sus propios heridos.
Luego de un breve tiempo aparecieron los bomberos y le prestaron primeros
auxilios. Éstos le informaron que los señores Ávila Guzmán y Rivas González
ya estaban muertos. Fue trasladado al hospital de Chichicastenango y luego
al hospital militar de Santa Cruz del Quiché en un vehículo especial militar en
el que un oficial le hizo varias preguntas.