69. Al evaluar la tipificación del crimen en Filipinas, el Comité CEDAW observó que el
tribunal interno, al discutir la ocurrencia o no de resistencia física por parte de la
víctima, había adoptado puntos de vista discriminatorios y estereotipados sobre cuál
debe ser el comportamiento de una mujer cuando sufre violencia sexual, lo que
condujo a la revictimización de la Sra. Vertido y demostró la inadecuación de esta
exigencia:
(…) stereotyping affects women’s right to a fair and just trial and that the judiciary
must take caution not to create inflexible standards of what women or girls
should be or what they should have done when confronted with a situation of
rape based merely on preconceived notions of what defines a rape victim or a victim
of gender-based violence, in general. (…)
It is clear from the judgement that the assessment of the credibility of the author’s
version of events was influenced by a number of stereotypes, the author in this situation
not having followed what was expected from a rational and “ideal victim” or what the
judge considered to be the rational and ideal response of a woman in a rape situation
(…)
Although there exists a legal precedent established by the Supreme Court of the
Philippines that it is not necessary to establish that the accused had overcome the
victim’s physical resistance in order to prove lack of consent, the Committee finds that
to expect the author to have resisted in the situation at stake reinforces in a
particular manner the myth that women must physically resist the sexual
assault. In this regard, the Committee stresses that there should be no assumption
in law or in practice that a woman gives her consent because she has not
physically resisted the unwanted sexual conduct, regardless of whether the
perpetrator threatened to use or used physical violence 138.
70. El Comité CEDAW, basándose en esta evaluación, prescribió la medida de reparación
descrita en la Sentencia:
(…) recomendó que Filipinas “revisara [su] definición de violación en la legislación a fin
de que se centrara en la falta de consentimiento” y que promulgara una definición que
“exigiera la existencia de un ‘acuerdo inequívoco y voluntario’ y que requiriera prueba
por parte del acusado de medidas tomadas para asegurar el consentimiento de la
denunciante/sobreviviente”, o bien que “exigiera que el acto tuviera lugar en
‘circunstancias coercitivas, incluida una amplia gama de circunstancias coercitivas” 139.
71. Apoyándose en éste y otros precedentes, la ONU Mujeres - la agencia de la ONU
responsable del desarrollo de programas, políticas y normas para la protección de
los derechos de la mujer - ha especificado en su "Manual de legislación sobre
violencia contra la mujer” (2012), que:
“La legislación ha de: (…) suprimir todo requisito de que la agresión sexual sea
cometida por fuerza o violencia, y todo requisito de prueba de penetración, y
minimizar toda victimización secundaria de la persona demandante/superviviente en
procedimientos mediante la promulgación de una definición de agresión sexual que: (i)
exija la existencia de “acuerdo inequívoco y voluntario” y que la persona acusada aporte
pruebas de las medidas adoptadas para determinar si la demandante/superviviente
había dado su consentimiento; (ii) exija que el acto tenga lugar en “circunstancias
coercitivas” e incluya una amplia gama de circunstancias coercitivas” 140.
72. En la misma línea, la Corte EDH resolvió el caso M.C. vs. Bulgaria (2003), que
versaba sobre la conducta del Estado tras la denuncia de la víctima, que entonces
tenía 14 años, de haber sido agredida sexualmente por dos hombres adultos. La
138
139
140
Ibid., párr. 8.4-5.
Cfr. Sentencia, párr. 142; CEDAW. Vertido vs. Filipinas, CEDAW/C/46/D/18/2008, 2010, párr. 8.9.b.i.
Cfr. UN WOMEN. Handbook for Legislation on Violence against Women. Nova York, 2012, parte 3.4.3.1.
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