25
Presidente (supra párr. 35), y del testigo Fausto Humberto Alvarado Dodero, propuesto por
el Estado (supra párr. 35). A continuación, el Tribunal resume las partes relevantes de
dichas declaraciones.
a.
Testimonio de la señora Rhoda Berenson, madre de la presunta
víctima
Se enteró del arresto de su hija en diciembre de 1995, por medio de la Embajada de
los Estados Unidos de América en el Perú, la cual tuvo conocimiento de que el
entonces Presidente peruano Alberto Fujimori mostró el pasaporte de su hija en
televisión, manifestando que había sido arrestada por terrorismo. La relación de la
testigo con su hija era cercana, a pesar de que ésta última vivió fuera de su país
durante varios años, se mantenían en comunicación por teléfono, cartas y visitas que
su hija Lori Berenson realizaba a su familia en Nueva York.
Lori Berenson fue sentenciada a cadena perpetua, condena que sería cumplida en el
penal de Yanamayo. Esta prisión tenía condiciones “inhumanas” y se encontraba a
4,000 metros de altura, donde el aire es muy “delgado” y hacía mucho frío. La
prisión estaba construida en concreto, casi en su totalidad, con excepción de un poco
de acero. Los corredores poseían ventanas altas abiertas sin vidrio, que dejaban
entrar una fuerte corriente de viento, pero no permitían el paso de la luz del sol. La
prisión era extremadamente fría. Observó que “[t]odos camina[ban] con guantes[,
…] sombreros y botas, un sweater con un abrigo[,] [se tenía] que dormir debajo de
ocho a diez cobijas”. A los prisioneros se les permitía salir al patio solamente media
hora al día y podían lavarse con baldes de agua fría. Las condiciones “inhumanas”
de la prisión afectaron la salud de su hija.
La sentencia que condenó a la señora Lori Berenson establecía que no se le podía
visitar en la cárcel durante el primer año de prisión. La Embajada de Estados Unidos
de América recibió reportes sobre su salud tres meses después de su ingreso.
Debido al frío y a la altitud, se produjo en la presunta víctima un síndrome
denominado “Reynaud”, con hinchazón en sus manos, que adquirieron color morado,
como si “est[uviera] usando guantes de boxeo”. Al estirarse la piel, se produjeron
cortes e infecciones. La falta de oxígeno afectó su circulación, impidiéndole en
algunas ocasiones utilizar sus manos. A pesar de que este síndrome apareció en la
señora Lori Berenson casi inmediatamente después de su encarcelamiento, aún no
ha desaparecido ocho años y medio más tarde.
Además, el frío y las condiciones de vida le ocasionaron infecciones crónicas. Entre
ellas, sufrió de “streptococcus”, una infección bacteriana de garganta muy fuerte.
Esta infección no desapareció hasta que se le cambió de prisión. Asimismo, la
presunta víctima sufrió problemas digestivos debido a la dieta tan pobre de la
prisión, y a la limitación en la cantidad de alimentos que podían recibir los
prisioneros por parte de sus familias. En algún momento se le realizaron pruebas
médicas debido a que tenía el hígado hinchado y al dolor que éste le producía. Por
otro lado, la oscuridad de la prisión le ocasionó complicaciones de la vista,
produciéndole problemas al enfocar y ocasionando la pérdida de la visión del ojo
derecho por las noches. No obstante experimentar mejoría, la señora Lori Berenson
todavía sufre problemas de salud. Durante el primer año la testigo recibió reportes
ocasionales respecto de la salud de su hija por parte del Cónsul General.
El 8 de octubre de 1998 se celebró la primera audiencia ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos. En esta ocasión, un doctor de la delegación