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llevó a ella y a su hija Lucy de regreso al hospital donde habían estado esa
mañana con su hija Haydeé, pero esta vez no entraron a la sala de
emergencias sino a un cuarto donde se encontraban los cadáveres de sus
hijos.
Rafael y Emilio se encontraban sin vida, con sus rostros destrozados. Emilio
se encontraba con su boca entreabierta, sus dientes llenos de tierra, su ropa
con tierra, mojado, lleno de orines. Por su parte, comenta que Rafael estaba
igual, “le faltaba la vista”, su dedo pulgar había sido volado, como cortado,
con herida de bala, pero un poco de piel retenía el pedazo de “falange” y las
palmas de las manos también estaban huecas, como si lo hubieran quemado.
El cuerpo de Rafael fue identificado como: “aproximadamente 27 años, NN
[no identificado], llegó cadáver”, y el de Emilio como: “aproximadamente 24
años, no identificado, llegó cadáver”. Debido a su desesperación comenzó a
gritar y a preguntarse por qué le ponían esa edad si eran niños.
Al momento de identificar a sus hijos aparecieron dos personas que le
arrancaron las partidas y comenzaron a hacer anotaciones y a hacer
preguntas a ambas. Apuntaban todo lo que ellas decían y, al no saber que
hacer, salieron de ese lugar.
Finalmente, la testigo señaló que la familia nunca tuvo ayuda psicológica, sino
que “más bien siempre se [les] ha golpeado”.
d.
Testimonio de Ricardo Samuel Gómez Quispe, padre de las
presuntas víctimas
Es mecánico de buque de profesión, y en esa época, al haber sido despedido
del servicio industrial de la marina, tenía un trabajo eventual, donde lo
ayudaba su hijo Rafael. En la semana en que ocurrieron los hechos había
terminado el trabajo de su hijo, por lo que éste se encontraba en casa con
sus hermanos menores.
El 21 de junio de 1991 se hallaba realizando una prueba en la mar y regresó
a su casa hasta las cinco de la tarde de ese mismo día. Al momento de
llegar, su esposa se encontraba muy angustiada porque sus hijos habían sido
detenidos, golpeados, pisoteados por la policía y metidos en una maletera.
La empresa donde trabajaba le envió una camioneta en la cual se transportó,
junto con su vecino, al hospital donde se encontraban los cadáveres de sus
hijos.
Sus hijos, de 14 y 17 años, fueron cruelmente torturados y asesinados. El
cuerpo de Rafael se encontraba con una marca que señalaba “NN [no
identificado], 27 años”, y estaba lleno de tierra, sangre en sus ropas, una de
sus manos tenía el dedo roto, un pedazo de carne colgado, con huecos en
ambas manos.
El cuerpo de Emilio decía “24 años”. En el lugar se
encontraban otros cadáveres en iguales condiciones.
Se dirigió a interponer la denuncia en la Prefectura, donde sólo le tomaron los
datos de lo acontecido, remitiéndolo al Palacio de Justicia, al cual no acudió
por considerar que a esa hora se encontraba cerrado. Posteriormente regresó