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compraba, eran “como mis padres […] me cuidaban como si fueran mis
padres y de la noche a la mañana me quedé solo, sin nadie”. En cuanto al
recuerdo de lo acontecido, el testigo señaló que prefería “sepultarlo pero no
se puede, es algo que si no se encuentra justicia siempre va a estar ahí y no
se va a poder borrar”.
Su hermana Haydeé perdió su bebé “de la emoción”. Luego de los hechos,
Haydeé trabajó para sacar adelante a la familia.
Su familia ha sido, ante todo, muy unida, siempre se han apoyado
mutuamente. Rafael era hábil para el trabajo de mecánica y en los estudios
también. Él era “los ojos de mi padre”, porque trabajaba con él y era su
mano derecha. Aprendió rápidamente el oficio de aquél y se desenvolvía de la
mejor manera. Se sentía orgulloso de sus hermanos. Emilio era quien lo
defendía, el que le enseñó a trabajar desde que Emilio tenía 11 años, porque
se daba cuenta de la necesidad que tenía su familia y lo incitaba a trabajar
para colaborar con ella. Siente que se rompió, en parte, la unidad familiar,
pero aún así se han mantenido juntos.
Posteriormente a los hechos, su familia fue seguida y acosada. Su madre
recibía amenazas y era citada en la DINCOTE, pero no acudía por temor a que
la detuvieran. Su madre no le permitía salir de su casa frecuentemente, por
temor a que le sucediera algo. A los once años fue atropellado en una
avenida, por una persona que era hermano de un oficial de la marina, del
servicio de inteligencia. Las secuelas del accidente limitan hoy su capacidad
para laborar.
En la época de los hechos, la familia no tenía medios económicos, eran
humildes, razón por la cual no pudieron conseguir justicia. Sintió que tuvo
que madurar rápido y trabajar, acabó su secundaria y no pudo seguir
estudiando, por carencia de medios económicos.
No participaron en ningún proceso de investigación respecto de lo acontecido,
porque no contaban con un abogado y, si se enteraban de algo, era por los
medios de comunicación. Nunca se les notificó o comunicó nada relacionado
con proceso judicial alguno relativo a los hechos del caso.
Fue testigo de cómo su mamá recurrió a varios lugares en busca de justicia y,
a raíz de esto, fue que comenzó a ser perseguida y amenazada. Su madre se
dirigió a todos los lugares que le indicaron y no obtuvo respuesta. Si bien de
pequeño su madre no le permitía informarse a través de periódicos o la
televisión, más tarde fue conociendo el caso y considera que el crimen ha
quedado impune. El Estado tampoco ha realizado ninguna gestión para
mitigar un poco el dolor que han sufrido como familia y él como persona.
Su familia fue completamente humillada y nadie se acercaba a ellos.
Por lo demás, intentó también, personalmente, incluir el caso en el informe de
la Comisión de la Verdad, pero no aceptaron su reclamo.
Hoy desea justicia y que las personas que dañaron a sus hermanos “paguen
su crimen […] y no solo los autores, como dicen ellos, malos policías, sino los
que dieron la orden”.