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había continuado a existir con sus prados, sus bosques, la gente común, los grupos de niños,
ciertos árboles"; que terrible impresión experimentó sobre todo al ver a sí mismo en el espejo
después de tanto tiempo1.
5.
Tres décadas antes de Gramsci, a fines del siglo XIX, Oscar Wilde dejó para la historia
del pensamiento universal su propio testimonio personal del dolor generado por su
encarcelamiento, en su célebre De Profundis (1897). Desde la cárcel de Reading, escribió que,
para los indebidamente detenidos,
"sólo hay una estación, la estación del dolor. Es como si hasta el sol y la
luna nos hubieran quitado. Afuera el día podrá ser azul y oro, pero la luz que se
filtra por el grueso vidrio del ventanuco enrejado que tenemos encima es gris y
miserable. En la celda siempre es atardecer, como en el corazón es siempre
medianoche. Y en la esfera del pensamiento, no menos que en la esfera del
tiempo, ya no hay movimiento"2.
6.
Es posible que el étranger D.D. Tibi tenga experimentado la misma sensación del
étranger Mersault, de que los asuntos de la detención y del proceso eran tratados "con
prescindencia" del detenido, reflejando la "tierna indiferencia" del mundo exterior (capítulos
IV-V). Al igual que Gramsci, también al étranger de Albert Camus (L'étranger, 1949) el pasar
del tiempo era casi todo lo que le restaba; con la "alternación de la luz y de la sombra", era "el
mismo día que se desarrollaba sin cesar en la celda", siendo la peor hora aquella en que "los
ruidos de la noche subían desde todos los pisos de la cárcel en un cortejo de silencio" (capítulo
II). A Mersault también le restaban los recuerdos de una vida que ya no más le pertenecía
(capítulo IV). Para él, todos los días transcurrían "mirando en su rostro el declinar de los
colores que llevan del día a la noche", siendo esta última "como una trégua melancólica"
(capítulo V).
7.
En sus páginas críticas sobre la condición carcelaria, inmortalizadas en sus célebres
Recuerdos de la Casa de los Muertos (1862), F.M. Dostoievski ponderó que
"le fameux système cellulaire n'atteint, j'en suis convaincu, qu'un but
trompeur, apparent. Il suce la sève vitale de l'individu, l'énerve dans son âme,
l'affaiblit, l'effraie, puis il vous présente comme un modèle de redressement, de
repentir, une momie moralement desséchée et à demi folle. (...) Les souffrances
morales pèsent plus lourdement que les tourments physiques3".
De ahí la importancia y apremiante necesidad, - agregó el gran escritor universal, - de un trato
humano de los detenidos:
"(...) un détenu, un réprouvé, il connaît les distances qui le séparent de
ses supérieurs, mais ni les chaînes, ni les marques de flétrissure ne lui font
oublier qu'il est un homme. (...) Un traitement humain peut relever jusqu'à ceux
chez qui l'image de la divinité semble obscurcie! C'est précisément avec ces
1
. A. Gramsci, Cartas do Cárcere, Rio de Janeiro, Edit. Civilização Brasileira, 1966 (reed.), pp. 135-136 y 370.
2
. O. Wilde, De Profundis, Madrid, Ed. Siruela, 2000 (reed.), p. 54.
3
. F.M. Dostoievski, Souvenirs de la maison des morts, Paris, Gallimard, 1977 (reed.), pp. 51 y 115.
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