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Después de la desaparición de Antonio Flórez la madre del testigo perdió mucho peso,
siempre estaba triste y tenía que trabajar mucho porque había nacido su hermana y con ella
eran cinco hijos. El testigo y sus hermanos tuvieron que crecer sin padre y sin madre, ya
que ésta tenía que salir a trabajar. La madre del testigo trabajaba como profesora en una
escuela rural fuera de Ocaña, por lo que tenía que hacer un largo recorrido para ir al
trabajo. Años después la trasladaron a Ocaña.
En la familia del testigo no se habla sobre lo sucedido a Antonio. Cuando el testigo era
pequeño veía a su madre llorar por las noches y era difícil hablar con ella de lo que sucedía,
por lo que no le hacían preguntas al respecto.
La madre del testigo trató de averiguar lo sucedido a Antonio, habló con un Fiscal quien
después fue asesinado en La Rochela.
Además, empezó a trabajar en ASFADDES,
organización que desarrollaba varias acciones para determinar el paradero de personas
desaparecidas y que abrió una oficina en Ocaña. La madre del testigo también trabajaba en
el Comité de Derechos Humanos de Ocaña.
En 1989, cuando tenía aproximadamente nueve años, el testigo fue a denunciar la muerte
de su padre en un congreso de víctimas de desaparecidos y “de la guerra sucia”. Lo
acompañaron su madre, su hermano Luis Antonio y Cristóbal Navarro, quien después fue
compañero de su madre. En ese congreso el testigo contó lo sucedido a su padre frente a
5.000 personas. Para el testigo este acontecimiento fue como “saltarse la infancia” porque
ya no pensaba como niño sino como adulto, tuvo que empezar a pensar por qué pasan esas
cosas, quién lo hizo y cómo lo hizo.
Comenzaron a circular rumores de que iban a matar a la madre y al padrastro del testigo
con motivo de las actividades que realizaban en ASFADDES y en el Comité de Derechos
Humanos. La gente que los apreciaba les decía que tuvieran cuidado y les sugería que se
fueran. El testigo recuerda que en 1991, un día en la madrugada, un hombre, quien fue
detenido por la Policía, trató de introducir una granada a la habitación de la madre del
testigo y su padrastro y además portaba un arma.
El testigo sufrió un atentado cuando una noche, después de salir de sus clases de teatro,
iba caminando, con su hermano José Antonio, un hijo de su padrastro y otras personas, por
el parque principal de Ocaña y se fue la luz. Cuando empezaron a atravesar el parque una
persona abrió la puerta de un automóvil e intentó subir al testigo por la fuerza. Su
hermano mayor lo ayudó y las otras personas que lo acompañaban empezaron a gritar.
Después de este atentado tuvo que dejar de asistir a las clases de teatro en las noches y
empezaron a tener más cuidado.
En 1994 cuando el padrastro del testigo iba caminando por el parque principal de Ocaña una
persona le disparó cinco veces. Esa persona fue capturada. La Policía capturó más
personas y después las dejó libres. El padrastro del testigo fue trasladado a Bucaramanga
en una avioneta para que lo intervinieran quirúrgicamente, pero quedó parapléjico.
Después de este atentado el testigo y su familia pasaron los dos o tres peores meses de su
vida porque un grupo “paramilitar” en Ocaña dijo que iba a acabar con la madre y su
padrastro, así como con todos los integrantes del Comité de Derechos Humanos. Después
de que fue asesinado un miembro del Comité de Derechos Humanos, todas las noches
llegaban personas frente a la casa del testigo que gritaban que los iban a matar y hacían
disparos. Casi todas las noches la madre del testigo le decía a él y a sus hermanos que
durmieran debajo de una cama que se encontraba en el cuarto trasero. El 10 de noviembre
de 1994 una familiar del testigo que se iba a casar con un policía de Ocaña les mandó a