11
ganaba lo ocupaba en sus propios gastos. La declarante hubiera esperado
que, de haber sobrevivido su hijo, mejorara la situación económica de la
familia, porque él era un estudiante aplicado y muy trabajador.
Su esposo y ella cubrieron los gastos relacionados con el velorio de su hijo,
mientras que COFAVIC asumió los gastos relacionados con la búsqueda de
justicia.
Al enterarse de la muerte de su hijo, fueron al hospital donde no les dieron
información, hasta que una sobrina les comunicó que su hijo había muerto. A
causa de la muerte de la víctima, quien era el hijo mayor, el padre comenzó a
tener problemas en el trabajo, lo despidieron y se separó de la declarante,
por lo que ésta tuvo que trabajar como costurera para sacar adelante a los
otros dos hijos. La declarante no ha superado la muerte de su hijo; le duele
su ausencia; sufre de insomnio y depresiones. Se ha tenido que operar de un
fibroma que tenía y desde la muerte de su hijo padece de presión alta. Le
duele el hecho de no haber obtenido justicia después de transcurridos más de
trece años.
6.
Braulio Ramón Guía Laya, hermano de Pedro Gustavo Guía Laya.
Pedro Gustavo Guía Laya murió a los veintisiete años de edad.
Los
funcionarios estatales no permitieron que la víctima fuera auxiliada por sus
familiares. Trabajaba como obrero, impermeabilizando techos. Al momento
del evento ganaba el salario mínimo. Tenía una hija Franci Araceli Guía.
Desde que tenía dieciocho años ayudaba semanalmente a la familia,
proporcionándole el mayor aporte que ésta recibía. La hija de Gustavo Pedro
se quedó con la madre de éste, Baldomera Laya de Guía y desde que él
murió, toda la familia ha tenido que trabajar en lo que ha podido, para salir
adelante.
El declarante asumió los gastos relacionados con el velorio, mientras que
COFAVIC asumió todos los gastos relacionados con la búsqueda de justicia.
Junto con sus hermanos, el declarante ha asumido los gastos causados por la
enfermedad de las piernas de su madre, quien empezó a padecer de ello
cuando cuidó a la víctima durante los diecisiete días que estuvo hospitalizada
hasta su muerte. Toda la familia ha sufrido el golpe de la pérdida de Pedro
Gustavo, sobre todo la madre y la hija de la víctima quienes padecieron
insomnio y tuvieron que tomar calmantes y tranquilizantes. Por falta de
recursos económicos no recibieron tratamiento psicológico.
Al enterarse que su hermano había recibido un disparo, salió del trabajo a la
casa, de ahí al hospital. Los diecisiete días de agonía de la víctima en el
hospital y su muerte fueron un “calvario” para él, su madre y la hija de la
víctima, al igual que lo ha sido la falta de justicia en relación con dicha
muerte. Mantiene la gran incertidumbre de no saber si su hermano se
hubiera salvado, si le hubiesen permitido ayudarlo. El declarante ha asumido
la responsabilidad por su madre y la hija de su hermano. La muerte de su
hermano ha causado un dolor y un vacío muy profundos en él y aún le lleva
regularmente flores al cementerio.