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José Ramón Montenegro Cordero era soltero y no tuvo hijos, trabajaba como
albañil y pintor. Mantenía con sus aportes a su madre Nicasia Cordero y a
sus hermanos menores. Al momento del evento ganaba el salario mínimo.
No hubo gastos relacionados con el velorio debido a que los restos nunca
fueron entregados a los familiares de la víctima. Los gastos de la búsqueda
de justicia han sido cubiertos COFAVIC.
El estado de salud de la madre de José Ramón, que ya padecía de presión
alta y del coraz��n, ha empeorado desde entonces, lo que ha dado lugar a
mayores gastos en medicamentos y consultas médicas más seguidas. La
declarante se siente muy sola desde la muerte de su hermano porque era su
persona de confianza, padece de insomnio, depresiones y sobre todo, sufre
ante la impunidad de los hechos. El dolor sigue igual pero para calmarlo,
tiene la esperanza de recibir los restos de su hermano.
33.
Aura Rosa Liscano Betancourt, hermana de José Miguel Liscano
Betancourt.
José Miguel Liscano Betancourt tenía veintiún años de edad, cuando
desapareció después de haber salido de la casa a jugar baloncesto.
Trabajaba como archivista en una empresa y asistía a un curso de
contabilidad. Era soltero y no tuvo hijos. Aportaba ingresos semanalmente a
su familia desde hacía un año, y ayudaba en la casa a sostener a sus
hermanos menores. Al momento del evento ganaba el salario mínimo.
Por las diligencias necesarias para saber del paradero de su hermano, la
declarante perdió su trabajo. La búsqueda de su hermano le ha generado
costos de transporte. Los gastos de la búsqueda de justicia los ha asumido
COFAVIC.
Según sus amigos la noche de su desaparición él había partido hacia su casa,
que quedaba a unos 150 metros del lugar en donde los dejó. Como a las
nueve de la noche no había llegado, sus familiares quisieron salir a buscarlo,
lo cual les fue impedido por agentes militares. A las seis de la mañana
siguiente, después de haber pasado una noche sin dormir, salieron todos los
miembros de la familia a localizarlo en los hospitales, en la Guardia Nacional y
en la Policía Metropolitana, sin resultado alguno. Al día siguiente, fueron a las
morgues de la ciudad y en ningún registro de entradas aparecía el nombre de
la víctima. La búsqueda duró tres meses. La hermana fue a denunciarlo
como desaparecido en el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial. El sentimiento
de incertidumbre se mantuvo hasta que la Comisión Interamericana le
informó que “el Estado le había respondido [a la Comisión] que [su] hermano
estaba muerto y enterrado desde el mismo día” de su desaparición.
Por falta de recursos, ni la declarante ni su madre, Carmen Betancourt, han
recibido tratamiento psicológico alguno. Hace un par de meses COFAVIC
asumió los costos de una ayuda psicológica profesional. La madre sigue
esperando a su hijo, siente que sigue vivo. Tanto la declarante como su
madre han sufrido mucho durante los últimos trece años por la incertidumbre