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[…l]a infracción del derecho a la integridad física y psíquica de las personas es una clase
de violación que tiene diversas connotaciones de grado y que abarca desde la tortura
hasta otro tipo de vejámenes o tratos crueles, inhumanos o degradantes cuyas secuelas
físicas y psíquicas varían de intensidad según los factores endógenos y exógenos que
deberán ser demostrados en cada situación concreta. La Corte Europea de Derechos
Humanos ha manifestado que, aún en la ausencia de lesiones, los sufrimientos en el
plano físico y moral, acompañados de turbaciones psíquicas durante los interrogatorios,
pueden ser considerados como tratos inhumanos. El carácter degradante se expresa en
un sentimiento de miedo, ansia e inferioridad con el fin de humillar, degradar y de
romper la resistencia física y moral de la víctima.
70.
La propia jurisprudencia de este Tribunal así como de otros tribunales y
autoridades internacionales, llevan a la Corte a concluir que existe una prohibición
universal tanto de la tortura como de otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes, independientemente de cualquier codificación o declaración, por ser
todos éstos violatorios de normas perentorias de derecho internacional28. Asimismo,
la Corte es consciente de la creciente tendencia, a nivel internacional e interno, hacia
el reconocimiento del carácter no permisible de las penas corporales, debido a su
naturaleza intrínsecamente cruel, inhumana y degradante. Consecuentemente, un
Estado Parte de la Convención Americana, en cumplimiento de sus obligaciones
derivadas de los artículos 1.1, 5.1 y 5.2 de dicha Convención, tiene una obligación
erga omnes de abstenerse de imponer penas corporales, así como de prevenir su
imposición, por constituir, en cualquier circunstancia, un trato o pena cruel,
inhumano o degradante.
71.
En el presente caso, el señor Caesar fue sometido a un castigo corporal de
flagelación, en aplicación de la sentencia emitida por la High Court de Trinidad y
Tobago, en los términos de la Ley de Penas Corporales. Esta ley autoriza a los
tribunales internos a ordenar la aplicación de penas corporales contra cualquier
delincuente varón condenado por determinados delitos, además de cualquier otro
castigo que le sea aplicable, ya sea por flagelación con el “gato de nueve colas”, por
latigazos con una vara de tamarindo, abedul u otros objetos, o “en cualquiera de los
dos casos, cualquier otro instrumento que el Presidente puede aprobar
periódicamente” (supra párr. 49.7).
72.
Según las pruebas aportadas a la Corte, el “gato de nueve colas” es un
instrumento de nueve cuerdas de algodón trenzadas, cada una de aproximadamente
30 pulgadas de largo y menos de un cuarto de pulgada de diámetro, asidas a un
mango. Las nueve cuerdas de algodón son descargadas en la espalda del sujeto,
entre los hombros y la parte baja de la espina dorsal (supra párr. 49.8). Como tal,
este instrumento está diseñado para provocar contusiones y laceraciones en la piel
del sujeto a quien se le aplica, con la finalidad de causarle grave sufrimiento físico y
psíquico. En consecuencia, la Corte tiene la convicción de que el “gato de nueve
colas”, tal como se encuentra regulado y es aplicado en Trinidad y Tobago para la
ejecución de penas corporales de flagelación, es un instrumento utilizado para infligir
una forma de castigo cruel, inhumana y degradante.
27
Cfr. Caso Loayza Tamayo. Sentencia de 17 de septiembre de 1997. Serie C No. 33, párr. 57. Ver
también, Case of Ireland v. the United Kingdom, supra nota 25, párr. 167.
28
Cfr. Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri, Sentencia de 8 de julio de 2004, Serie C No. 110,
párr. 112; Caso Maritza Urrutia. Sentencia de 27 de noviembre de 2003, Serie C No. 103, párr. 92; y Caso
Cantoral Benavides. Sentencia de 18 de agosto de 2000. Serie C No. 69, párrs. 102 y 103.