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Está casado con María Rivera Velázquez, con quien tuvo cinco hijos, incluyendo a la
víctima. Reside en la Aldea Jocote, Departamento de Jutiapa, Guatemala.
Su hijo adquirió, por un precio de Q5000,00 (cinco mil quetzales), un puesto de
mercadería en la terminal de buses, zona cuatro de la ciudad de Guatemala, negocio
que le generaba cerca de Q500,00 (quinientos quetzales) por mes, por concepto de
utilidades. Sin embargo, producto de su secuestro y posterior desaparición, perdió
toda la mercadería existente, la cual tenía un valor de Q5000,00 (cinco mil
quetzales), y también el derecho de utilizar el local del negocio.
La relación entre padre e hijo y toda la familia fue “muy amplia, con respeto y con
educación”. La víctima vivía en ciudad de Guatemala y visitaba la familia cada 15
días, a la que aportaba algo de los Q500,00 (quinientos quetzales) que ganaba para
ayudarles a enfrentar sus necesidades.
Se percató de la muerte de su hijo el 10 de febrero de 1988, cuando fue a visitarlo.
Al día siguiente se enteró que habían aparecido unos cuerpos. La identificación de su
hijo muerto le causó mucha tristeza, pues para él “es doloroso […] ver tanta
crueldad” y constituyó “un sentimiento grande para [él y] toda [su] familia”.
Tuvo que asumir los gastos correspondientes al traslado del cuerpo de su hijo a su
comunidad, al velorio y a la sepultura de su hijo, todo lo cual tuvo un costo
aproximado de Q5.000,00 (cinco mil quetzales).
Desde el fallecimiento de su hijo padece de muchas enfermedades y los recuerdos le
causan resentimiento, tristeza y sufrimiento. La vida de su esposa “ha bajado y será
imposible que esta vida se recupere igual”. Ella sufre enfermedades cardíacas y la
falta de recursos económicos hace que no pueda ser supervisada por un médico.
Esto es muy doloroso para la familia “porque est[án] sufriendo todos”. Su hijo sería
“la primer cabeza para mi familia, porque ya no estando [el declarante], pues,
tendría que ser él que tenía que dirigir a [sus] hermanos”, y esa esperanza no existe
más.
Reconoce que si bien ningún recurso económico recuperará la vida de su hijo, una
indemnización “serviría para aliviar algo lo que en [su] vida ha sucedido”.
No recurrió ante las instituciones estatales por causa de su enfermedad y porque
tenía temor debido a las amenazas que recibió.
b)
Testimonio de Blanca Esperanza Ayala de la Cruz, madre de Julián
Salomón Gómez Ayala
Está casada con Petronilo Gómez Chávez, tiene siete hijos y reside en Samayach,
Guatemala.
La víctima cumplió sexto año y el servicio obligatorio en el ejército y trabajaba como
mecánico. Tenía una compañera de nombre Bertha Violeta Flores Gómez, y un hijo
llamado Julio Salomón Gómez Flores y vivían en ciudad de Guatemala. La víctima
tenía una relación afectuosa con sus otros hermanos y eran muy unidos en la casa.
Visitaba la familia cada mes o cada dos meses y les brindaba apoyo económico
cuando podía con Q1.200,00 (mil doscientos quetzales).