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Al momento de la muerte de Anna Elizabeth, vivían en la casa de uno de sus hijos Alberto Antonio-, su esposo, sus otros hijos -German Giovanni y Carolina, su nuera Blanca de Paniagua-, sus cuatro nietos, la víctima y la hija de ésta -María Elisa-. Esta
última tenía entonces cuatro años.
Su hija tenía 23 años cuando murió y había estado casada, pero a la fecha de los
hechos su marido ya había muerto.
Su hija había obtenido el título de perito contador de la Escuela Carlos Federico
Mora. Aunque no asistía a la Universidad de San Carlos corría en su representación.
Trabajaba inclusive sábados y domingos, e iba a empezar un trabajo nuevo justo
antes de morir. Además la víctima estudiaba para conseguir su licencia de auditor y
así ayudar a sostener la familia con los ingresos que generara.
La relación entre la testigo y su hija era muy buena. Esta última “era muy obediente,
[le] ayudaba para el gasto, [...] le hacía caso a su padre” y se llevaba bien con sus
hermanos. Al saber del secuestro se enfureció y producto de esto cayó enferma.
Buscaron a su hija y días después se enteraron por televisión que se había
encontrado un cuerpo no identificado y ella entonces sintió que era su hija. Revisó la
condición del cuerpo de su hija y vio que había sufrido “una muerte terrible”. Se
siente triste al recordar la imagen de su hija por las torturas que le hicieron.
Su familia salió de Guatemala porque se sentían amenazados. Desde entonces la
testigo reside en Toronto, Canadá, con su esposo. Unos hijos viven en Toronto, otra
hija vive en British Columbia y dos hijos en Nueva York. La hija de la víctima
permaneció en Guatemala con la abuela paterna. Es una muchacha triste y callada
de 17 años. Cuando su hija murió, su nieta perdió algunos años de estudio en la
escuela porque “le hacía falta el amor de la mamá”. Aunque mantiene contacto con
su nieta, le gustaría que ella viviera con su familia.
La relación con su esposo cambió después de la muerte de la víctima.
Tuvo un derrame cerebral y enfermó de diabetes. Estaba mal por la tristeza y ahora
se va reponiendo un poco, pero cuando se acuerda de la víctima llora. A causa del
derrame tiene que usar una silla de ruedas y camina muy poco. El día del
cumpleaños de su hija le llevan flores a la tumba o se le hace una misa. Visita la
tumba cada vez que viene a Guatemala.
g)
Testimonio de María Elizabeth Chinchilla de González, viuda de
Manuel de Jesús González López
Reside en Los Angeles, Estados Unidos de América, desde 1988.
Antes de los hechos de este caso, vivía con su esposo y sus tres hijos en una casa en
ciudad de Guatemala, que estaban pagando. Su marido tenía una muy buena
relación con sus hijos y era muy cariñoso; también jugaba y hacía deportes con
ellos. Trabajaba como mecánico y antes de su muerte fue ascendido a jefe de
mecánicos en una empresa que vendía carros, donde ganaba aproximadamente
Q800,00 (ochocientos quetzales) al mes. Al mismo tiempo estudiaba Relaciones
Humanas para tener una mejor comunicación como jefe con sus compañeros de
trabajo.