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281. Los efectos descritos por el perito Quiroga (supra párr. 186) con respecto a algunos gases
que son los más usados son consistentes con los testimonios rendidos por internos que
experimentaron el ataque, que describieron sensaciones de ardor, asfixia y dificultad para
respirar.
282. En cuanto al uso de bombas de gas de fósforo blanco, el perito Peerwani indicó que
cuando este producto químico entra en contacto con el tejido humano “ocasiona quemaduras muy
severas”. Dentro de su experiencia como perito forense ha observado que estas quemaduras
atraviesan el tejido humano “hasta [llegar a]l hueso”. Asimismo, estas bombas de fósforo blanco
producen mucho humo, el cual “es muy peligroso”, y su uso “no es recomendado dentro de
ambientes cerrados”. La testigo Gaby Bálcazar se refirió al efecto que producían estas bombas,
señalando “que ya no se podía ni respirar, como que el cuerpo ardía, como que el cuerpo quería
zafarse de ti”, y se refirió a las medidas que se vieron obligadas a adoptar ante ello (supra párr.
187). El testigo Raúl Basilio Gil Orihuela indicó que dicho químico al contacto con el cuerpo
humano produce ardor en las partes descubiertas, en las fosas nasales, así como asfixia y
“quemazón” química de los órganos internos y la piel (supra párr. 186).
283. Se ha probado que 185 internos resultaron lesionados como resultado del “Operativo
Mudanza 1”, afectándose su integridad física. Todos los internos contra quienes se dirigió el
ataque experimentaron el sufrimiento inherente a un ataque de tal magnitud, lo cual incluye tanto
a los internos que fallecieron como a los que sobrevivieron (heridos e ilesos).
284. El ataque se realizó con armas muy lesivas, con explosiones, gases y humo, con disparos
indiscriminados, en oscuridad total, en un espacio cerrado y en condiciones de hacinamiento. Los
internos sufrieron heridas por las balas, explosiones, gases, esquirlas, granadas, bombas y caída
de escombros durante los cuatro días que duró el ataque. Con respecto al tipo de lesiones
sufridas por los internos, el perito Peerwani señaló que se trató de “heridas extrañas”, dentro de
las cuales se encontraban “rozaduras por armas de fuego, heridas en los pies, en las piernas, en
las extremidades, y en otros ángulos no comunes”, así como en la espalda y las extremidades. En
opinión del perito, este tipo de heridas evidenció que los disparos fueron hechos al azar, en forma
arbitraria, por lo cual los internos se esforzaron en esquivar las ráfagas dirigidas hacia ellos
(supra párr. 187).
285. Todos los internos enfrentaron condiciones de sufrimiento adicionales en el curso de esos
cuatro días, como lo fueron la privación de alimentos, agua, luz y atención médica.
286. En su peritaje, la perito Deutsch destacó que los internos experimentaron “sufrimiento
psicológico y emocional intenso debido a que los heridos no recibieron atención y […] tuvieron
que presenciar con impotencia [dicha] situación” (supra párr. 186).
287. Según los peritajes rendidos en este proceso y los testimonios allegados, los internos e
internas que vivieron el ataque en mayo de 1992 aún sufren graves secuelas psicológicas. Los
peritos Deutsch y Quiroga manifestaron que las consecuencias psicológicas del ataque
corresponden al síndrome de estrés post traumático.
288. La Corte estima que los internos que sobrevivieron al ataque experimentaron tortura
psicológica por las amenazas constantes y el peligro real que generaron las acciones estatales
que podían producir su muerte y serias lesiones a su integridad física.
289. También es preciso señalar que el cadáver de la interna Julia Marlene Olivos Peña
presentaba “signos visibles de tortura” (supra párr. 197.38). Esta circunstancia muestra la
violencia extrema con que los agentes estatales actuaron durante el “operativo”.