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de justicia. Al momento que estaba siendo juzgado el testigo no sabía cuáles
eran las imputaciones en su contra, sino hasta que recibió una copia de la
sentencia que lo condenó.
Posteriormente, el Tribunal Constitucional dispuso que se anulara su juicio.
Después de catorce años de estar detenido se llevó a cabo una confrontación con
su co-acusado, luego de la cual se produjeron una serie de ampliaciones para
llevar a cabo la investigación. Las solicitudes de cambio de libertad por el de
comparecencia fueron denegadas; la última negativa se dio el 19 de octubre de
2004. En el nuevo proceso se le juzgó por el artículo 322 del Código Penal,
cuando en el primer juicio se le aplicó el artículo 320 de dicho ordenamiento.
El testigo sufría condiciones de inseguridad permanentes en los penales. Los
policías robaban las cosas de los internos y golpeaban al señor Ramírez Rojas.
Además, éste sufrió problemas de salud. Tenía problemas de la próstata que
requerían cirugía. El día que le iban a realizar el último análisis para la cirugía
aproximadamente 18 policías armados lo llevaron a la oficina del doctor, quien
bajo presión del jefe de los policías, decidió esperar 30 días más antes de
operarlo.
Al día siguiente, fue traslado al penal de Cajamarca, donde el
aislamiento fue mucho mas drástico y perdió el contacto familiar.
En cuanto a las reparaciones, señaló que la Corte Interamericana debía
considerar los lamentos de la familia, el aislamiento sufrido y el abandono de un
hijo que tenía tres años al momento de su detención. La encarcelación agravó la
enfermedad de su madre, quien falleció unos años después de su detención.
Además, la vida profesional del señor Ramírez Rojas se vio afectada por su juicio
y detención, tanto su proyecto de abrir una consultoría como en la investigación
que quería transformar en un libro.
2. Celia Asto Urbano, madre del señor Wilson García Asto
El señor Wilson García Asto, hijo de la testigo, salió de la casa al mediodía del 30
de junio de 1995. La señora Celia Asto Urbano empezó a preocuparse cuando su
hijo no regresó de sus clases nocturnas. Llamó a sus hermanos, quienes le
dijeron que Wilson no se encontraba con ellos; también llamó a un compañero de
clase de su hijo, quien le dijo que éste no había asistido a su clase nocturna, pese
a que tenía examen.
Aproximadamente a las once y media de la noche la testigo salió con su esposo,
el padre de la presunta víctima, a buscar a su hijo en los hospitales y otros sitios.
Regresaron a la casa aproximadamente a las tres de la madrugada sin haberlo
ubicado. Salieron nuevamente a las seis de la mañana a buscarlo en el Ministerio
Público y en la cárcel del Palacio de Justicia. En el Palacio de Justicia les
recomendaron que lo buscaran en la DINCOTE. Al llegar a la DINCOTE la testigo
y su esposo encontraron el nombre de la presunta víctima escrito en una mesa
en la entrada. Dos policías les hicieron pasar para identificar al detenido. Les
dijeron que iban a sacar al detenido y realizar una inspección domiciliaria. Ante
la amenaza de ser detenida ella y su esposo si no permitían que se realizara la
inspección, la señora Celia Asto Urbano permitió que ésta se llevara a cabo
porque estaba preocupada por sus hijos que estaban en la casa y porque su hijo
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