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existe una frontera para la reacción pública contra la conducta ilícita: ese lindero, que es
garantía para todos, no significa indiferencia, abandono o impunidad, sino ejercicio legítimo
y puntual del poder. Obviamente, no se pretende autorizar la lesión del derecho bajo el
argumento de que existe derecho a dañar. La libertad no es salvoconducto para la injuria, la
difamación o la calumnia, ni absolución automática de quien causa, con una conducta
injusta, un daño moral.
16.
Establecido lo anterior, es preciso indagar la forma racional de prevenir y combatir la
violación de los derechos. Con alguna frecuencia --cuyo crecimiento debiera ser motivo de
alarma, y en ocasiones lo es de complacencia, con escasa memoria histórica y grave error
de previsión-- se acude a la vía penal para enfrentar conductas ilícitas. Y dentro de esa vía,
se opta por las medidas más rigurosas, que pudieran ser inmoderadas o excesivas en
general y en particular y que a menudo resultan ineficaces y contraproducentes. En suma:
desproporcionadas si se acepta que debe existir proporcionalidad --que es, en esencia,
racionalidad-- entre la restricción autorizada y la medida que se aplica al amparo de aquélla.
Por supuesto, el expediente penal se halla al alcance de la sociedad y del Estado para
combatir las afectaciones más graves de los bienes públicos y privados, que no pueden ser
protegidos con instrumentos y reacciones menos rigurosos. Pero el acceso a ese expediente
del control social no significa, en modo alguno, que sea el único practicable, ni el primero en
la escena, ni el más adecuado en todos los casos.
17.
Es preciso recordar constantemente --con la misma constancia que se observa en las
tentaciones de criminalizar y penalizar un elevado número de conductas--, que el
instrumento penal debe ser utilizado con gran restricción y cautela. En diversas resoluciones
y opiniones, la Corte Interamericana ha destacado la compatibilidad entre el denominado
derecho penal mínimo y los valores y principios de la democracia, contemplados desde la
perspectiva penal. El empleo del sistema de delitos --por incriminación de las conductas-- y
los castigos --por penalización de sus autores-- contribuye a establecer la distancia entre la
democracia y la tiranía, que siempre acecha. La desmesura penal vulnera el código jurídico
y el sustento político de la sociedad democrática. De ahí nuestra oposición frontal al
Derecho penal máximo.
18.
El Estado ha reconocido que su ordenamiento regula de manera inadecuada los tipos
penales que pudieran resultar aplicables a la materia que ahora examino: “la falta de
precisiones suficientes en el marco de la normativa penal que sanciona las calumnias y las
injurias que impidan que se afecte la libertad de expresión, importa el incumplimiento de la
obligación de adoptar medidas contempladas en el artículo 2 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos” (párr. 18 de la Sentencia en el caso Kimel), esto es, la
adecuación del marco jurídico nacional al deber de garantía que establece el artículo 1.1 de
la Convención. En mi voto concurrente a la Sentencia del caso Herrera Ulloa me he ocupado
de este tema y he sostenido que antes de discurrir sobre la mejor o peor formulación de
tipos penales con los que se pretende combatir los excesos en el ejercicio del derecho a la
expresión por parte de periodistas --que fue el tema en Herrera Ulloa, y vuelve a serlo, en
alguna medida, en Kimel--, es preciso resolver si la vía penal constituye el medio adecuado
--por único, necesario o siquiera conveniente-- para proveer la reacción jurídica que merece
una conducta indebida en este ámbito.
19.
Creo que la vía penal no es ese medio adecuado y admisible. Para afirmarlo tomo en
cuenta que existen otros medios de control y reacción menos restrictivos o lesivos del
derecho que se pretende afectar y con los que es posible lograr el mismo fin, en forma que
resulta: a) consecuente con el derecho del ofendido por el agravio, y b) suficiente para
acreditar el reproche social, que constituye un cauce para la satisfacción del agraviado. Si la
vía penal no es ese medio adecuado, su empleo contravendrá la exigencia de “necesidad”
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