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VI
PRUEBA
69.
Si bien no subsisten contiendas sobre los hechos del presente caso y las respectivas
pretensiones y pruebas aportadas por las partes demandantes, la Corte considera
pertinente recoger en esta sentencia las declaraciones que en seguida se presentan,
tomando en cuenta lo manifestado supra en el párrafo 66.
A)
Declaraciones rendidas ante la Corte Interamericana en audiencia pública
TESTIMONIO
1)
Sebastián Vargas Areco, hermano de Gerardo Vargas Areco
Sebastián tenía nueve años cuando su hermano falleció. En diciembre de 1989, tres días
después de que Gerardo fuera llevado de regreso a su unidad militar luego de pasar unos
días visitando a su familia, recibieron una llamada informándoles que Gerardo había
fallecido.
Al recibir el féretro los militares dieron indicaciones de que los restos del niño fueran
inhumados. Antes de sepultar a Gerardo la familia llamó al Dr. Ribamar Cruz e Silva, un
médico militar, para abrir el féretro y examinar el cuerpo. El doctor tomó fotos e inspeccionó
los restos.
La madre de Gerardo se desmayó al escuchar la noticia de la muerte de su hijo. Hasta el
día de hoy continúa muy afectada físicamente, lo cual ha limitado mucho sus posibilidades
de realizar viajes. La relación entre Gerardo y su madre era fundamental para ambos. La
familia entera se vio muy afectada por ver el sufrimiento de la madre, así como conocer que
Gerardo había muerto y posiblemente sufrió malos tratos. Los padres de Gerardo han
buscado justicia y una explicación sobre los motivos del supuesto maltrato infligido al niño.
PERITAJE
2)
Carlos Portillo, médico psiquiatra, Director del Programa de Asistencia
a “Afectados por las Violaciones a Derechos Humanos” del Centro de
Alternativas en Salud Mental ATYHA
La familia se vio muy afectada tanto por la muerte de Gerardo como por la información que
el doctor le proporcionó en el sentido de que existían señales de torturas y sufrimientos con
anterioridad a la muerte. El pesar de los familiares se manifiesta de manera individual y
colectiva en secuelas emocionales y físicas que impide a aquellos llevar una vida normal.
Todos los familiares han padecido dolor, llanto, angustia, impotencia y sufrimiento por no
haber podido evitar la supuesta tortura que sufrió Gerardo, así como por la duda e
incertidumbre en cuanto a lo que verdaderamente aconteció.
La madre, señora De Belén Areco, ha experimentado el mayor trastorno psicológico de los
miembros de la familia. Pasa la mayor parte del tiempo retraída, apartada, con expresiones
de tristeza, dificultades para conciliar el sueño, llanto fácil y frecuente, así como
sentimientos de desesperanza. Asimismo, ha padecido enfermedades cardíacas.