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mataban. Ellos no querían tener testigos. Los internos que habían sido heridos nunca
tuvieron asistencia, la asistencia que tuvieron se la dieron los propios internos.
Pudo hablar con su familia a las tres semanas de lo sucedido. Sus familiares estaban
confundidos porque no sabían quien estaba vivo y quien estaba muerto. El testigo no
conoce investigación alguna sobre estos hechos.
g)
Declaración de Osmar Guillermo Martínez Rivas, ex interno
Cuando ocurrieron los hechos el testigo tenía 22 meses allí, desde 1991 hasta mayo de
1993. El testigo se encontraba recluido en un pabellón que llamaban de “observación”,
el cual estaba hacinado; por ejemplo, él estaba en una celda donde vivían 80 internos,
todos dormían en el suelo, en colchones o pequeñas colchonetas. Este pabellón tenía
como unos 40 x 40 metros. El pabellón no tenía celdas, era un sala espaciosa y cada
quien tenía su espacio o comunidad. El testigo dormía en el baño. Dentro de la celda
había un baño grande, que tenía tres huecos como pozos sépticos.
Todos los pabellones en el Retén de Catia eran peligrosos, porque había demasiado
hacinamiento y demasiados presos. Había internos que robaban a los otros presos. En
el pabellón que estaba había cuatro salas, tenía como cuatro celdas, cada una tenía
como 80 presos.
La comida la hacía él mismo, porque la del comedor era pésima. En el retén no había
lugar donde practicar deportes porque el patio estaba inundado de porquería, eso daba
asco. Había una enfermería aunque el médico era un preso. No había controles
periódicos de salud, ni actividades productivas que realizar, no había talleres, nada.
Había una biblioteca pero no funcionaba.
Siempre hubo corrupción dentro del retén, los policías quitaban a los internos su dinero
por cualquier cosa. Para un traslado o para ser llevado a enfermería había que
pagarles.
El 27 de noviembre de 1992 “hubo plomo y bombas de gases lacrimógenos”. Abrieron
las puertas para que los internos salieran, pero no abrieron las puertas de enfrente y
en eso, muchos salieron brincando las paredes, entonces empezó “la matazón”. Fue
cuando dijeron que los internos tenían libertad, pero eso era un engaño, lo que
hicieron fue una masacre. Los internos eran custodiados por la Policía Metropolitana,
ellos fueron los que intervinieron disparando desde las garitas. La Guardia Nacional
llegó “cuando se acabó la plomazón el 27 a la madrugada”, ya estaba todo calmado
nosotros estábamos recogiendo los cadáveres y poniéndolos en el patio. La Guardia
Nacional llegó dando golpes y haciendo traslados de gente para todos lados. Todos los
internos estaban desnudos en el patio, con la cabeza agachada, en medio de aguas
negras y gusanos. Pasaron toda la mañana en el patio, desde las 4 de la mañana hasta
las 12 del medio día agachados en el patio.
h)
Declaración de Edgar José López Albujas, periodista
Según el testigo, en las oportunidades en que la prensa ha podido ingresar a los
penales y reportar lo que allí ocurre, la opinión pública se ha enterado con horror de
las deficiencias en cuanto a infraestructura física y dotación. Sobre lo primero es
evidente el deterioro de las edificaciones que, en su mayoría, albergan el doble y hasta
el triple de la capacidad. El hacinamiento ha generado la utilización de espacios,
inicialmente concebidos para actividades de trabajo, estudio o recreación, como celdas,
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