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de evitar su salida del país. En 1997 el mismo Valladares interpuso otra acción de
jactancia en momentos en que la testigo se disponía a rendir su declaración ante la
Comisión de Esclarecimiento Histórico.
Recibió informaciones de la Embajadora de los Estados Unidos de América sobre la
posibilidad de que Bámaca Velásquez estuviera enterrado en una base militar
denominada Las Cabañas. Así, en 1995 visitaron el lugar y luego iniciaron las
gestiones para llevar a cabo la exhumación la que, sin embargo, fue cancelada por
iniciativa del fiscal Ramsés Cuestas. Después éste cambió su posición y dijo que la
diligencia sería retrasada, pero no cancelada. El día señalado para su realización, un
militar, acompañado del licenciado Cintrón Gálvez, les manifestó que “no se [podía]
entrar” al establecimiento, en primer lugar, porque el fiscal Arango había sido
“impugnado”, y en segundo lugar, por la presencia de la testigo.
Esa noche regresaron al hotel y supieron que el propio Presidente de Guatemala
había ordenado proceder con la exhumación. Al día siguiente intentaron obtener una
autorización del Juez de Paz de Tecún Umán, pero éste “se había escondido”, por
temor a colaborar con la diligencia, por lo que tuvo que intervenir el asistente.
En esa misma oportunidad, el fiscal Ramsés Cuestas comunicó que únicamente les
otorgaba permiso para excavar por un día cuando, según sus proyecciones, se
requería un mes para medir y preparar el terreno. Finalmente, fue imposible realizar
la exhumación solicitada, debido al peligro que corría la vida del fiscal Arango, quien
renunció al cargo en septiembre de 1995.
Posteriormente hizo un nuevo intento de exhumación en Las Cabañas, esta vez junto
con la nueva fiscal Shilvia Jerez, pero tampoco esta vez se pudo realizar. La nueva
fiscal fue asesinada en mayo de 1998.
Las autoridades manifestaron que iban “a seguir obstaculizando todo el proceso de
exhumación en Las Cabañas [...] hasta que recib[ieran] una amnistía por las pláticas
de paz”.
Dentro del proceso de búsqueda de justicia en Guatemala, la testigo y sus allegados
recibieron amenazas y ataques, así como una campaña de difamación en su contra.
Entre los grupos que la apoyaron y recibieron amenazas se encuentran el Grupo de
Apoyo Mutuo y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Una bomba
estalló en el edificio de la Escuela Politécnica, mientras ella hacía su primera huelga
de hambre. Una agencia gubernamental de los Estados Unidos de América le informó
que existían “mensajes claros [provenientes de la] red de contactos en Guatemala,
que [afirmaban haber] oído [… a] militares de alto nivel programando […] pagar a
alguien” para asesinarla. En enero explotó una bomba en el automóvil de su
abogado, José E. Pertierra, en Washington D.C. Además el testigo Otoniel de la Roca
ha sufrido hostigamientos y amenazas.
Debido al trámite de este caso, tiene deudas que ascienden a los US$35.000,00, pero
nunca ha pensado en interponer un juicio civil por los daños recibidos, pues lo que
busca es justicia y que le devuelvan los restos de Efraín Bámaca Velásquez. En caso
de que obtenga una indemnización como resultado del procedimiento ante la Corte
Interamericana, desea que la misma le sea entregada íntegramente a los familiares
de Bámaca Velásquez.