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Hubo “una obstaculización total” de la investigación de este caso en Guatemala y
nadie ha sido encontrado responsable. El expediente penal que se tramita en
Retalhuleu continúa abierto.
c.
Testimonio de Julio Arango Escobar, ex fiscal especial para el
caso Bámaca Velásquez, abogado guatemalteco, Procurador de los
Derechos Humanos de Guatemala.
El 7 de mayo de 1995 fue asignado como fiscal especial para la investigación del
caso Bámaca Velásquez. Al iniciar la investigación, los expedientes se encontraban
en la Auditoría de Guerra del Departamento de Retalhuleu y se había dictado, en el
fuero militar, un sobreseimiento definitivo a favor de 12 militares. Apeló dicho
sobreseimiento ante la Sala de Apelaciones de Retalhuleu y logró que fuese
declarado nulo y sin lugar, con lo cual activaba el caso nuevamente. A pesar de esto,
no se condenó a oficial alguno.
En la justicia ordinaria de Retalhuleu estaba en desarrollo un proceso de averiguación
del paradero de Bámaca Velásquez, el cual se encontraba “prácticamente archivado”.
Dentro de sus gestiones procuró que se incluyera a Jennifer Harbury como
denunciante dentro del proceso, pues el Ministerio Público “había pedido su
separación por su condición de extranjera”, sin embargo su petición fue rechazada
por los tribunales.
Durante la investigación del caso se presentó espontáneamente Nery Ángel Urízar
García, miembro de la “inteligencia militar”, quien hizo una descripción de la captura
de Bámaca Velásquez.
Según le señaló Urízar, una vez identificado Bámaca
Velásquez, se trajo de la ciudad de Mazatenango el cuerpo de Cristóbal Che Pérez,
miembro del Ejército y amigo de Urízar “a quien se le había desfigurado el rostro [y]
se le había puesto el uniforme verde”, a efectos de hacerlo pasar por Bámaca
Velásquez).
Urízar manifestó que Pérez tenía “una deformidad en la mano derecha que era
notoria”, lo cual estaba contenido en la necropsia practicada sobre el cadáver
supuestamente levantado en el lugar del enfrentamiento y después enterrado como
XX. Este documento estaba en el Departamento Forense y había sido incorporado al
proceso ante los Tribunales en Retalhuleu. Precisó, entonces, que la autopsia
practicada en Retalhuleu contenía una descripción de un cadáver que no concordaba
en lo absoluto con las características de Bámaca Velásquez.
Entrevistó a Santiago Cabrera en Washington D.C., quien describió los
destacamentos militares donde había visto a Bámaca Velásquez, los lugares y formas
en que se le torturaba, y la ocasión “cuando lo montaron a un helicóptero y que ya
no se volvió a saber más de él”.
Obtuvo un documento del Departamento de Estado de los Estados Unidos de
América, el cual decía que el cadáver de Bámaca Velásquez se encontraba enterrado
en el Destacamento Las Cabañas. Con esa información se desplazó hasta ese lugar
para realizar una exhumación. El segundo día que visitó ese destacamento se
encontró con un gran número de personas, quienes se manifestaban en contra de su
presencia ahí. Aún así prosiguieron con los preparativos para realizar la diligencia.
Sin embargo, al día siguiente se encontraron a Julio Cintrón Gálvez, Leopoldo Guerra
y Julio Contreras, abogados del Ejército, quienes les comunicaron que no podía llevar
a cabo la exhumación en razón de la recusación planteada contra su persona, por la
presencia de Jennifer Harbury y porque el señor Ramiro de León Carpio, Presidente