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Participó como miembro del Equipo de Antropología Forense de Guatemala en otro
intento de exhumación relacionado con el caso Bámaca Velásquez, realizado en un
destacamento militar conocido como La Montañita o Las Cabañas. Dicha diligencia se
intentó realizar en 1995, a solicitud de la Fiscalía del Ministerio Público, pero “no
pudo llevarse a cabo”, pues se presentaron abogados representantes del Ejército de
Guatemala quienes consideraron que no se cumplían los requisitos necesarios para
realizar la diligencia.
Intentaron llevar a cabo la diligencia una segunda vez, con la presencia del fiscal
especial Julio Arango, y después de un día de labores, de nuevo abogados del
Ejército suspendieron la diligencia, por considerar que no cumplía los requisitos
necesarios. En un estudio preliminar, el Equipo de Antropología Forense de
Guatemala estableció un período aproximado de cuatro semanas, como plazo para la
realización de la fase arqueológica del estudio.
Realizaron un nuevo intento de exhumación en Las Cabañas con “la nueva fiscal”
asignada al caso, pero cuando se dio la orden de iniciar las excavaciones, se vieron
impedidos de continuar por la aparición de un oficial del Ejército, quien ordenó
detener la diligencia, “porque algo [...] en los documentos consideraba que no estaba
bien”. Al día siguiente, la fiscal consiguió otros documentos con el juez, y
nuevamente los abogados del Ejército encontraron que no se cumplían los requisitos
por lo que no se pudo proseguir. La fiscal que los acompañó era Shilvia Jerez, quien
murió acribillada en 1998.
Dos miembros de su organización, Andrés Kauffman y Federico Reyes López, fueron
objeto de amenazas, hechos que fueron denunciados a las autoridades
correspondientes en su debida oportunidad.
Posteriormente estas amenazas
condujeron a que la Comisión Interamericana otorgara medidas cautelares en su
beneficio.
No es simpatizante de la URNG.
g.
Testimonio de Patricia Davis, abogada estadounidense, ex
miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala.
Acompañó a Jennifer Harbury a una exhumación en Retalhuleu el 17 de agosto de
1993, en condición de testigo y observadora internacional de derechos humanos.
Llegó a Guatemala el 24 de julio de ese año con el propósito de colaborar con
Harbury en diferentes trámites y, al mismo tiempo, buscar apoyo a la idea de que los
prisioneros de guerra deben recibir un trato humano y ser colocados en lugares de
acceso público.
Durante esos días Harbury le manifestó que tenía temor de que la publicidad de la
búsqueda de su esposo y los preparativos para realizar la exhumación pudieran
causar la muerte de Bámaca Velásquez, en caso de permanecer éste todavía
detenido. Aún así, conservaba la esperanza de volver a verlo con vida.
Acudió ante el Juez de Paz junto con Harbury la semana anterior a la exhumación
para tramitar la diligencia. Asimismo, tuvo la oportunidad de revisar un expediente
judicial sobre el hallazgo de un cuerpo en el río Ixcucua, el cual correspondía a la
descripción del cuerpo dado por el señor de León Carpio en carta que envío a la
URNG, salvo por el hecho de que el cuerpo no tenía cicatrices. También examinaron
el informe de la autopsia original hecha a ese mismo cuerpo, realizado 24 horas
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