Quero fugir ao mistério
Para onde fugirei?
Ele é a vida e a morte
Ó dor, onde me irei?
Quem sabe se ainda
Não é mais profundo
Do que o pensamento
O enigma do mundo!"39
36.
El pensamiento humano respecto de la mortalidad, de hecho, ha estado
presente en la humanidad en todas las épocas y culturas. En los tiempos del paleolítico,
se hacia culto a la memoria y en los tiempos egipcios, los vivos y los muertos
permanecían juntos40. En la antigua Grecia, surgió un nuevo sentimiento respecto del
destino pos-moderno41. Solo es necesario recordar, como dos ejemplos, entre muchos
otros, a saber, la contribución de Platón al garantizar la continuidad de la experiencia
humana a través de la inmortalidad y la trasmigración del alma y la contribución de
Budha respecto de la separación del sufrimiento humano de, desde su punto de vista lo
que lo originaba, los deseos 42. El mito de la “vuelta eterna” (o repetición), tan conocida
en las sociedades antiguas (como en Grecia) que otorgaba en el tiempo una estructura
cíclica, intentando anular (incluso abolir) la irreversibilidad del paso del tiempo, a fin de
contener o mantener su acrimonia y alentar su regeneración43.
37.
En tiempos modernos, sin embargo, los seres humanos se integraron,
inevitablemente, en la historia y en la idea de “progreso”, que suponía “el abandono
definitivo del paraíso de los arquetipos y de la repetición”44, propio de culturas y
religiones antiguas. En el mundo occidental, en el siglo XX, prevaleció la actitud de
evitar, claramente, referirse a la muerte; dominó el “gran silencio” sobre la muerte45.
Las sociedades occidentales contemporáneas “prohibieron” el estudio de la muerte al
mismo tiempo que alentaban el hedonismo y el bienestar material46.
38.
Mientras que las antiguas culturas eran muy respetuosas de los mayores, las
sociedades “modernas” trataron, en cambio, de dejarlos de lado47. Las culturas
antiguas atribuían gran importancia a las relaciones entre los vivos y los muertos y la
39
. F. Pessoa- Fausto- Tragedia Subjetiva (1ra edición integral),Rio de Janeiro, Ed. Nova Fronteira, 2003
(reimpresión), pp. 30, 154 y 184.
40
. J.L. de León Azcárate, La Muerte y Su Imaginario en la Historia de las Religiones, Bilbao, Universidad
de Deusto, 2000, pág. 24-25, 37, 50-51 y 75.
41
. Ibid., pág. 123 y 130.
42
. J.P. Carse, Muerte y Existencia - Una Historia Conceptual de la Mortalidad Humana, Mexico, Fondo de
Cultura Económica, 1987, pág. 85 y 167.
43
. M. Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Madrid/Buenos Aires, Alianza Ed./Emecé Ed., 2004, pág. 90-91.
44
. Ibid., pág. 156.
45
. Ph. Ariès, Morir en Occidente desde la Edad Media hasta Nuestros Días, Buenos Aires, A. Hidalgo Ed.,
2000 (reed.), pág. 196-199 y cfr. pág. 213 y 238.
46
. Ibid., pág. 251.
47
. Cfr. [Autores varios ] Diálogo entre Civilizaciones- La Mesa Redonda en la Víspera de la Cumbre del
Milenio de Naciones Unidas; Paris, UNESCO, 2001, pág. 84 (intervención de E. Morin).
13
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