2
4.
En su testimonio ante la Corte Interamericana, en la audiencia pública del día 05 de
mayo de 2004, la madre de los hermanos Gómez Paquiyauri (Sra. Marcelina Paquiyauri Illanes
de Gómez) declaró que, al llegar a la morgue para identificar los cuerpos de sus dos hijos,
"cuando ingresamos [en] la sala, en una mesa, que más parecía de lata, (...) estaban mis
hijos, Rafael y Emilio, atravesados, pero no como los dejé, sanos, sonriendo, alegres, sino
destrozados su carita, los habían volado uno de la vista y el otro estaba moreteado; Emilio, su boca
entreabierta, sus dientes llenos de tierra, su ropa con tierra, mojados (...). De igual manera Rafael,
estaba igual, a Rafael le faltaba la vista, su dedo pulgar había sido volado (...). No supe qué hacer,
pero al mirar en [el] pecho de Rafael había un papel o trapo blanco que decía `aproximadamente
27 años, [no identificado], llegó cadáver'; de Emilio también decía `aproximadamente 24 años, no
identificado, llegó cadáver'. Yo me desesperé, (...) comencé a gritar porqué le[s] ponían esa edad,
porqué hay que ser, la vista es para ver, distinguimos lo que es mayor, lo que es menor, ahí se
veían niños y le[s] ponían esa edad. (...) Entonces (...) grité, ¿cómo es posible que le[s] pongan
esa edad, sabiendo que son niños? (...) Entonces (...) comencé a llorar y a decir porqué le[s]
habían puesto esa edad, ni respeto tienen porque [son] niños (...)"3.
5.
A su vez, la hermana de las víctimas (Sra. Lucy Rosa Gómez Paquiyauri), en su
testimonio ante la Corte del mismo día 05 de mayo último, declaró que, al encontrar los
cadáveres descompuestos de sus hermanos en la morgue,
"no podía creer lo que veían mis ojos. (...) Para mí fue muy chocante, (...) no puedo
describir con palabras lo que sentí en ese momento, sentí que mi vida se caía en pedazos. (...)
Cualquier persona ignorante podía darse cuenta que mis hermanos eran unos niños; lo que hicieron
con mis hermanos no tiene nombre, eran niños, no tenían nada que ver con lo que había sucedido
(...).
(...) Nosotros tenemos derecho a la verdad, a que se sepa la verdad (...). ¿Acaso nosotros
no tenemos derecho a reclamar por la vida de mis hermanos? Yo amaba a mis hermanos, no hay
día en mi vida que nos los recuerde, no hay día en mi vida que no estén presentes, ellos eran todo
para mí; (...) jamás antes que de que sucediera esto me sentí sóla, jamás; ellos siempre estaban a
mi lado. (...). Por más años que pasen, siempre me van a hacer falta, siempre voy a sentir su
ausencia. Nosotros queremos que se conozca la verdad, queremos que esto que sucedió con mi
familia, que sucedió con mis hermanos, los abusos cometidos contra ellos no se vuelvan a repetir"4.
6.
Nada será como antes. Los sobrevivientes de la familia Gómez Paquiyauri tienen hoy el
recuerdo del paraíso perdido. Juntamente con Rafael y Emilio, brutalmente arrancados de este
mundo por sus semejantes, también se fue la felicidad irrecuperable de la vida familiar sencilla
y armónica. El espacio vacío fue ocupado por un sentimiento de profunda tristeza y rebeldía,
con su efecto corrosivo. Los daños sufridos y narrados por los familiares inmediatos de los dos
jóvenes hermanos asesinados son verdaderamente irreparables, y las reparaciones ordenadas
por la Corte en la presente Sentencia pueden tan sólo mitigar su dolor5, que ha resistido a la
3
. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública Celebrada los Días 5, 6 y 7 de Mayo de 2004 - Caso de los
Hermanos Gómez Paquiyauri versus Perú, San José de Costa Rica, CtIADH, 2004, pp. 52-53 (circulación interna).
4
. Ibid., pp. 43-44 y 48.
5
. Cf., en este mismo sentido, mis Votos Razonados en los casos de los "Niños de la Calle" (Villagrán Morales y
Otros versus Guatemala, reparaciones, Sentencia del 26.05.2001), de Bámaca Velásquez versus Guatemala
(reparaciones, Sentencia del 22.02.2002), y de Bulacio versus Argentina (fondo y reparaciones, Sentencia del
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