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proyectil entre los restos exhumados no es razón suficiente para excluir la posibilidad de
una lesión por arma de fuego”.
Los restos de la víctima “pudieron haber sufrido lesiones peri-mortem consistentes con
tortura” y “las lesiones de cuello y base del cráneo son consistentes con una posible lesión
por arma de fuego”.
3.
Viviana Frida Valz Gen Rivera, psicoterapeuta
A pesar de que sucedió hace ya muchos años, la muerte de la víctima resultó algo
“totalmente inesperado” para los familiares. Lo inesperado de un hecho hace más difícil su
aceptación y elaboración. Uno de los elementos que más resaltan los familiares es el factor
sorpresa respecto de lo sucedido y la sensación de estar frente a una situación que no se
puede aceptar como real. Ello aparece asociado a la convicción que tenían del señor
Bernabé Baldeón como una persona muy respetada y apreciada en la comunidad y que
ofrecía servicios de “curación con yerbas naturales”.
La falta de aceptación se ve
incrementada por el profundo sentimiento de indignación y dolor en relación con la muerte
del padre. El impacto de la violencia en la familia se ha visto aumentado por la falta de
respuesta del Estado frente a sus denuncias. Los sentimientos derivados de la impunidad
aumentan el desconsuelo, la sensación de vulnerabilidad y la desesperanza. Asimismo, han
sufrido pérdidas económicas y el empeoramiento de las condiciones de vida.
El impacto en la familia fue muy grande y les cambió la vida “radicalmente”. A lo largo de
estos 15 años han vivido “torturados” por las imágenes asociadas a las circunstancias que
rodearon el asesinato del padre. A raíz de lo sucedido, toda la familia, excepto la hermana
mayor, dejaron la comunidad para desplazarse a Lima. No sólo perdieron al padre,
perdieron el lugar de referencia, pasaron a una condición de desplazados, mientras la
hermana se quedó en la comunidad, con una vida muy triste y desconsolada. Además, la
falta de apoyo social incrementaba el malestar y el sufrimiento de los familiares, quienes
tenían en el padre a la figura de referencia y de apoyo familiar.
La familia logró presentar una denuncia unos días luego de ocurridos los hechos. Esto los
colocó en una situación de peligro, ya que recibieron amenazas de los militares. Los hechos
y sus consecuencias produjeron en los familiares un “cuestionamiento del sentimiento de
seguridad y protección del Estado (sic)”, por la ausencia de respuesta a sus demandas, en
medio de un clima de miedo e inseguridad, llegando a tener que salir huyendo,
desplazándose a Lima, por temor de que les suceda algo a ellos también.
Se observa en la familia, más que alteraciones psíquicas agudas, las secuelas emocionales,
es decir, el impacto emocional que el asesinato del padre ha tenido para ellos. Todos los
miembros mostraron un “alto nivel de movilización del dolor y recuerdos traumáticos, con
llanto frecuente”. Para ellos se trata de un tema aún presente. Las mujeres se han visto
obligadas a desarrollar “estrategias de encubrimiento de su sufrimiento”, lo cual lesiona aun
más su personalidad, ya que ello consume mucha “energía emocional”.
Igualmente se observan manifestaciones de “inhibición emocional” muy marcadas, como
una manera de enfrentar el sufrimiento, tales como el silencio y el aislamiento social. Lo
anterior está determinado por la “falta de espacios sociales de reconocimiento y apoyo”, la
vivencia de impunidad, la frustración en la búsqueda de justicia, la pérdida de apoyo
colectivo y de “referentes comunales”.
Perdieron todo ello con el desplazamiento,
aislándose en una ciudad que les “resultaba amenazante”, donde han sido objeto de
“discriminación y marginación constante”.