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Nació en la aldea de Plan de Sánchez y ha vivido allí hasta la actualidad. Cuando
ocurrió la masacre tenía 24 años de edad, era soltero, vivía todavía con sus padres y
su hermana y se dedicaba a la agricultura. Su idioma es maya achí y a los 18 años
de edad aprendió el castellano.
El domingo 18 de julio de 1982, entre la 1:00 o 2:00 de la tarde, el ejército llegó a la
comunidad con un grupo de personas que traían desde el municipio, taparon la
entrada a la aldea y llevaron a las personas a la casa de una de sus hermanas. Los
demás soldados fueron de casa en casa a recoger a las familias. Su madre le
advirtió que se fuera, que los hombres eran los más perseguidos, y que a las
mujeres no les iban a hacer nada. Salió de la casa y se quedó escondido a 150
metros.
A las mujeres de quince a veinte años de edad las apartaron, las metieron en casa
de su abuela, las violaron, las mataron y las dejaron regadas en el lugar. También
apartaron a los niños de hasta siete u ocho años, incluso los recién nacidos, los
mataron con palos y los tiraron al fuego. Cuando oscureció se fue retirando hasta
esconderse en la montaña.
Toda esa noche no durmió y se quedó sentado
escuchando los tiros hasta la 1:00 de la mañana, cuando el ejército se retiró.
En los hechos perdió a su madre, a tres hermanas, a dos cuñadas y a siete sobrinos
y sobrinas de 2 a 6 años de edad. Sintió un dolor que jamás ninguna persona le
puede curar o sanar, porque esas llagas jamás serán olvidadas. Ha sufrido bastante
durante estos veintidós años y jamás se le ha olvidado lo sucedido.
Al día siguiente los sobrevivientes fueron obligados a enterrar a sus muertos.
Terminaron de enterrar los restos a las 5:00 de la tarde aproximadamente y sintió
mucha tristeza al pensar que murieron injustamente y que no se hizo su sepultura
con el debido “respeto de antiguamente”. Cuando los sobrevivientes regresaron a
sus casas pudieron ver que la ropa buena que tenían se la habían llevado, y la medio
usada la quemaron, así como las camas y títulos de propiedad.
Después de lo que sucedió se ocultaron en el monte por dos años. En el día se
turnaban para vigilar cuando entraba el ejército a la aldea y en la noche se
refugiaban en la montaña.
Durante esos años padecieron enfermedades y
desnutrición.
Cuando fue decretada la amnistía en 1984 pudieron regresar de la montaña. Sin
embargo, por orden del comisionado no pudieron vivir en Plan de Sánchez y fueron
obligados a ser parte de las PAC. En ese tiempo, forzaban a los hombres desde los
15 hasta los 85 años de edad a participar en las patrullas. Esto los hacía sentir como
“cuidando nada”, ya que en sus comunidades no habían delincuentes ni personas
armadas o uniformadas.
Posteriormente el testigo fue obligado a formar parte del ejército por treinta meses.
El 31 octubre de 1987 salió del cuartel militar y solicitó la autorización del
destacamento de Rabinal para regresar a Plan de Sánchez, por lo que fue obligado a
patrullar de nuevo.
Los hombres sobrevivientes se unieron con mujeres de otras comunidades, sus
segundas esposas, porque quedaron muy pocas en Plan de Sánchez después de la
masacre.
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