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No pudo contar a otra persona lo que sucedió. Mucha gente sabía de la masacre,
pero nadie tenía el derecho de contar todo lo que hizo el ejército, y sí lo hacían, las
autoridades decían que estaban en su contra. Después de un largo tiempo pusieron
una denuncia a través del CALDH. Los miembros de la organización les tomó sus
testimonios y los presentó al Ministerio Público. Sin embargo, hasta el momento no
ha habido justicia, ni resultados del proceso. La violencia, la corrupción y la
discriminación contra los indígenas y campesinos impiden que se haga justicia.
Además existen amenazas contra los jueces.
Están representando a todos los departamentos donde ocurrieron masacres, porque
estos no tienen diferencia. Lo que sucedió en Plan de Sánchez ocurrió en otras
comunidades, por eso están representando a todos.
Espera que se cumpla con la justicia, que se reconozcan los hechos, que sean
enjuiciados los responsables, y que todo esto no vuelva a suceder. Les ha costado
recuperar todos los bienes que perdieron, pero la vida de sus finados no tiene precio.
Están reclamando porque no es justo todo lo que vivieron y siguen sufriendo todavía.
Esperan mejorar su vida y que el Estado responda frente a sus necesidades de salud,
educación y tierra. Asimismo, la comunidad necesita un centro de mecanografía o
computación y que se mejoren las carreteras. Además, si el Estado iniciara un
programa de vivienda sería una forma de reparar. Considera que el Estado debe
cumplir con todo lo que está firmado en los Acuerdos de Paz.
c) Declaración testimonial de Narcisa Corazón Jerónimo, víctima
Nació en la aldea Plan Sánchez y vivió allí con su mamá y su hermana hasta el día de
la masacre. De niña hablaba maya achí y aprendió el castellano cuando tenía 18 o
19 años de edad.
El día de la masacre se llenó el patio de su casa de soldados. Los soldados le
apuntaron con el arma advirtiéndole que no se moviera y, como no sabía hablar
castellano, solo distinguía que preguntaban por su papá y su mamá. Luego se
fueron de su casa y comenzaron a “arrear” como animales a todas las víctimas, a sus
tías y sus sobrinos. Los niños pequeños gritaban, pedían auxilio en su lengua y
nadie los ayudaba. Cuando vio que se estaban llevando a todos pensó que debía
gritarle a los soldados que regresaran por ella. La testigo ya no tenía consuelo en
nada, y se preguntaba qué estaban haciendo los soldados.
Se escondió en una zanja y pudo ver cuando llevaron a su abuela a la fuerza al lugar
donde los iban a quemar. Esperó un rato y caminó en busca de una persona que le
explicara lo que estaba pasando. Algunas personas dicen que los indígenas son
ignorantes, nos les dan importancia, “los hacen de menos”, los discriminan, no les
ponen atención, entonces, la testigo sentía que no tenía nadie en quien buscar
consuelo.
La testigo escuchó gritar a su mamá, quien andaba por el pueblo, y vio cuando le
quitaron a la fuerza a su sobrinito de 9 meses, con todo y trapo, y los llevaron a la
casa donde estaban reuniendo a la gente. Poco después los soldados comenzaron a
echar gasolina, a disparar y luego prendieron fuego a la casa. Al momento de la
masacre tenía 13 o 14 años de edad. En estos hechos perdió a su mamá, hermana,
abuelita, tías y a todos sus primos, incluso recién nacidos. Su padre había sido
asesinado con anterioridad.
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