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Al día siguiente pudo ver los cadáveres, pero no por mucho tiempo, ya que los
soldados dieron tres horas para enterrar a su familia. Los hombres fueron quienes
enterraron a las víctimas en una zanja, por montones y a pedazos, ya no se
reconocía nada.
Después de la masacre la testigo se quedó en la aldea, en casa de su tía. Durante el
día llegaban a la aldea a “tortear” y en la noche se iban para el monte, porque los
soldados siempre llegaban a revisar si todavía había gente allí. Perdieron todo, la
casa de su mamá, su ropa, la comida y los animales. Antes de la masacre tenían
gallinas, marranos y siembras. La testigo sólo se quedó con la ropa rota que tenía
puesta.
Aunque era pobre tenía a sus papás que la trajeron al mundo. Para ella ya no es
igual vivir huérfana, sin el consuelo de su mamá y sin un papá que le de cariño y
amor. Después de la masacre sintió y deseó la muerte, pero para seguir viviendo se
aferró a las palabras de su tía: “no te vayas a matar, deja, vas a luchar en tu vida y
Dios sabrá qué día se hará justicia”. No podía vivir feliz ni tranquila, las personas la
trataban como querían por ser huérfana, no tuvo quien le diera estudio, comida, ni
ropa como a los otros niños.
Tres meses después llegó a Rabinal y trabajó durante cuatro años para diferentes
familias lavando, torteando y cuidando niños, por lo que ganaba tres quetzales al
mes. En 1986 fue a vivir a Ciudad de Guatemala. Nunca encontró a otras personas
de la aldea Plan de Sánchez y perdió la relación con su comunidad. No quiso ir ni
saber nada de la exhumación de los restos de sus familiares realizada en Plan de
Sánchez en 1994.
No olvida lo que le pasó a sus padres. Después de la muerte de sus difuntos y de
todo lo que vivió siente el cuerpo débil. Se enfermó del corazón, tuvo que ser
operada dos veces y asumió con su trabajo todo el costo de las cirugías. No ha
recibido ayuda del Estado. Ahora tiene cuatro hijos que están siendo afectados por
su dolor. Hace poco tomó el machete de su esposo y se lo apuntó en el cuello para
matarse, pero éste la detuvo diciéndole que no lo hiciera por los niños.
Ya es tiempo que se haga justicia, que paguen estas personas por el daño que
hicieron a sus padres, a su abuelita, a todos los niños inocentes y a los que no
pudieron nacer. Ya es tiempo que la raza maya tenga derechos como los ladinos,
que los escuchen y valoren sus costumbres.
Está ante la Corte para apoyar a todas las víctimas de la Masacre Plan de Sánchez.
No viene sólo por ella, sino por todos aquellos que perdieron a sus seres queridos,
por toda la raza maya de Guatemala, por todos los que no se saben defender, por
todos lo que no pueden venir a expresar su dolor como lo está expresando ella.
Quisiera que se haga justicia, que se vea qué se va a hacer, que escuchen su
testimonio y que estudien esto para que no se “congele”. Está ante el Tribunal con
su dolor y sabe que si todos los que están presentes se pusieran en su lugar no
soportarían lo que ella siente.
d)
Peritaje de Augusto Willemsen-Díaz, abogado, experto
internacional en materia de derechos de los pueblos indígenas
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